Introducción
Un magistral relato de Sherlock Holmes sobre las trampas de las pruebas circunstanciales y la diferencia entre lo que parece y lo que es. En el apacible valle de Boscombe, el hacendado Charles McCarthy aparece muerto a golpes junto a una charca del bosque. Todos los indicios señalan a su propio hijo, James, que discutió violentamente con él momentos antes y fue visto cerca del cadáver: «si alguna vez las pruebas circunstanciales apuntan a un criminal, lo hacen aquí».
El joven, detenido y con todo en su contra, parece perdido. Pero la hija de un vecino, enamorada de él, ruega a Holmes que investigue, convencida de su inocencia. Holmes acepta, advirtiendo que «se trata de uno de esos casos sencillos que son tan extremadamente difíciles»: los que parecen resueltos de antemano son los más traicioneros.
Estudiando el terreno, las últimas palabras del moribundo y detalles que la policía pasó por alto, Holmes reconstruye la verdad: el asesino no es el hijo, sino un tercer hombre con un oscuro pasado común con la víctima en la Australia de los buscadores de oro. Descubierto, el verdadero culpable —un anciano moribundo— confiesa, y Holmes, movido por la compasión, lo deja marchar a morir en paz. «El misterio del valle Boscombe» es un modelo de deducción y de justicia compasiva.