Introducción
Desde la celda de un manicomio, una voz nos habla con un júbilo que hiela la sangre: «¡Sí! ¡De un loco!… ¡Es grandioso ser loco!». Así abre Dickens uno de los relatos de terror psicológico más perturbadores de su obra temprana. El narrador confiesa que durante años vivió aterrado por la locura hereditaria que corría por su sangre —abuelos y bisabuelos encadenados, un padre suicida— y que rezaba por librarse de «la maldición de mi raza».
Pero cuando la locura por fin llegó, se transformó en un placer secreto y triunfal. Descubrió que podía ocultarla: «Sabía que estaba loco, pero ellos ni siquiera lo sospechaban». Rico por herencia —«la astucia del loco los había superado a todos»—, fue adulado por una familia arruinada que le vendió a su hija, una joven que amaba a otro. Él lo sabía, y aun así la tomó por esposa, gozando por dentro de su terrible secreto mientras la muchacha era «sacrificada» para aliviar la pobreza de los suyos.
Lo que sigue es la crónica de un tormento: la esposa que se marchita, el fantasma de largo cabello negro que ahora lo visita en su celda «fresco de la tumba». Dickens, maestro también del horror, construye un monólogo escalofriante sobre la locura, la crueldad y el abismo que se abre bajo la respetabilidad y el dinero. Un relato breve e intenso que demuestra su dominio de lo macabro.