Introducción
Una de las fábulas infantiles más queridas de los hermanos Grimm. Antes de salir al bosque, una vieja cabra advierte a sus siete cabritas del peligro: el lobo suele disfrazarse, pero lo reconocerán por su voz ronca y sus patas negras. Y, en efecto, el lobo no tarda en llamar a la puerta fingiendo ser la madre. Las cabritas lo desenmascaran dos veces —por la voz áspera y por la pata oscura—, pero el astuto animal se traga un trozo de yeso para suavizar la voz y se hace enharinar la pata para blanquearla.
Engañadas al fin, las cabritas abren, y el lobo las devora a todas menos a la más pequeña, que se esconde en la caja del reloj. Cuando la madre regresa y descubre el desastre, es la pequeña superviviente quien le cuenta lo ocurrido. Al hallar al lobo dormido y roncando en el prado, la cabra advierte que algo se mueve en su panza: con tijeras, aguja e hilo, le abre el vientre y saca vivas a sus seis hijas, engullidas enteras.
Entonces llenan la barriga del lobo de piedras y la cosen. Al despertar, sediento, el animal va al pozo, pero el peso de las piedras lo arrastra al fondo y se ahoga. Las cabritas bailan de júbilo alrededor. Recogido por los Grimm en 1812, «El lobo y las siete cabritillas» es un cuento perfecto sobre la obediencia, la astucia del mal y el amor infatigable de una madre que vence al depredador.