Introducción
Un hombre camina por la calle suplicando a todos que no se le acerquen. Está convencido de que su cuerpo entero es de vidrio y de que, al menor golpe, se hará añicos. Duerme sobre paja, come sin tocar nada con las manos, tiembla cuando alguien pasa cerca. Y, sin embargo, ese pobre loco se ha convertido en la persona más escuchada de la ciudad, porque de su boca salen las verdades más afiladas y certeras que nadie se atreve a pronunciar.
Esa es la genial paradoja de El licenciado Vidriera. Su protagonista, Tomás Rodaja, había sido un joven pobre pero brillantísimo, un estudiante que asombraba por su talento y su sed de saber. Un desdichado hechizo de amor le trastorna la razón y lo sume en la extraña convicción de ser de cristal. A partir de ahí, Cervantes convierte la enfermedad en una lente para mirar el mundo.
Porque el «loco» Vidriera dice lo que los cuerdos piensan y callan. La gente acude a él como a un oráculo, le lanza preguntas, y él responde con sentencias ingeniosas y mordaces sobre médicos, jueces, poetas, maridos, la corte y la vanidad humana. La novela se llena así de una sátira brillante, hija de la libertad que solo parece permitida al que ha perdido el juicio.
Detrás de la comedia late una reflexión melancólica y muy honda. ¿Por qué escuchamos la verdad solo cuando la dice un demente? ¿Qué frágil es la razón, que un mal trago basta para quebrarla? ¿Y qué valor damos al saber y al talento cuando no vienen envueltos en espectáculo? Cervantes plantea estas preguntas sin darles respuesta, dejándolas resonar en el lector.
La figura del hombre de vidrio —transparente, quebradizo, lúcido y a la vez enfermo— es una de las invenciones más memorables de toda su obra, y ha fascinado a lectores y pensadores durante siglos como símbolo de la inteligencia incomprendida y de la delicada frontera entre la cordura y la locura.
Es una novela breve, ágil y sorprendentemente moderna, ideal para descubrir al Cervantes más filósofo y satírico, muy distinto del narrador de aventuras. Se lee de un tirón y deja pensando durante mucho tiempo.
Acércate —con cuidado— a este hombre que se cree de cristal y escucha sus verdades. Comprenderás por qué su historia sigue tan viva cuatro siglos después.