Introducción
Un cuento de terror magistral de Robert Louis Stevenson, inspirado en el escándalo real de los profanadores de tumbas de Edimburgo. En la posada George de Debenham, cuatro parroquianos se reúnen cada noche; uno de ellos es Fettes, un viejo escocés dado a la bebida. Una noche se anuncia que un célebre médico de Londres, el doctor Macfarlane, se aloja de paso en el pueblo. Al oír el nombre, Fettes palidece; baja, se enfrenta al gran hombre y le sisea al oído una sola pregunta terrible: «¿Has vuelto a ver eso?». Y con ese sobresalto se abre la historia que ambos compartieron de jóvenes.
Décadas atrás, Fettes y Macfarlane eran estudiantes y ayudantes del famoso anatomista Mr. K—, cuya escuela devoraba cadáveres para las disecciones. La norma del maestro era «no hacer preguntas»: pagaba a los «resucitadores» que traían los cuerpos robados de las tumbas, sin querer saber cómo los conseguían. Fettes, joven y necesitado, entró en ese mundo turbio. Hasta que una madrugada Macfarlane apareció con el cadáver de Gray, un hombre que la víspera lo había humillado en público: lo había asesinado, y arrastró a Fettes a la complicidad de disecarlo y callar.
Años de culpa después, los dos deben desenterrar ellos mismos un cadáver reciente —el de una mujer del campo— en un cementerio rural. De regreso, en la noche y la lluvia, el cuerpo que llevan en el calesín parece cambiar. Al abrir el saco a la luz del farol, descubren un rostro «demasiado familiar»: no es la mujer que enterraron, sino el de Gray, el hombre que asesinaron años atrás. Un alarido rasga la noche. «El ladrón de cadáveres» es una obra maestra sobre la culpa, la codicia y el castigo que regresa de la tumba.