Introducción
Una hermosa fábula moral de Oscar Wilde sobre la belleza, la compasión y el verdadero precio del lujo. La víspera de su coronación, un joven —hijo secreto de una princesa y un artista humilde, criado como pastor y llevado de pronto a palacio— contempla embelesado los tesoros preparados para la ceremonia: un manto de tela de oro, una corona de rubíes y un cetro engarzado de perlas. Amante apasionado de la belleza, no puede esperar a lucirlos.
Pero esa noche tiene tres sueños terribles. En ellos ve el sufrimiento oculto tras cada objeto precioso: tejedores que mueren de hambre y agotamiento hilando su manto de oro; buceadores que se ahogan arrancando del mar las perlas; y esclavos que perecen en las minas cavando los rubíes, mientras la Muerte y la Avaricia se reparten sus vidas. Comprende entonces que su esplendor está amasado con dolor y muerte: «en paz los ricos hacen esclavos de los pobres».
Al despertar, el joven Rey rechaza el manto, la corona y el cetro, y se viste con su viejo sayo de pastor y una corona de espinos silvestres. Los cortesanos, escandalizados, se burlan; pero cuando entra así en la catedral y se arrodilla a rezar, sucede un prodigio: la luz del cielo lo envuelve, su bastón seco florece en lirios y sus espinos en rosas, y una gloria sobrenatural lo transfigura. «Ningún hombre se atrevió a mirar su rostro, pues era como el rostro de un ángel». «El joven rey» es una obra maestra sobre la justicia, la humildad y la belleza verdadera.