Introducción
Un relato gótico escalofriante de Bram Stoker, célebre por considerarse un capítulo suprimido de su inmortal Drácula. Un joven inglés sale de Múnich en carruaje en una radiante mañana de verano que, sin embargo, es la Noche de Walpurgis, la noche en que —según las viejas creencias— «el diablo anda suelto». El maître del hotel y el cochero le advierten que regrese antes del anochecer, pues se avecina tormenta; pero el viajero, aventurero e incrédulo, despide al cochero y se interna a pie por un camino prohibido hacia un pueblo abandonado y «maldito».
Sorprendido por una furiosa tormenta de nieve, busca refugio y llega hasta un sepulcro solitario: la tumba de una condesa suicida de Gratz, «muerta y enterrada» con una estaca de hierro clavada. Un relámpago le revela, en el interior, a una hermosa mujer de labios rojos que parece dormir… y entonces se desata el horror sobrenatural. El viajero pierde el conocimiento entre la nieve.
Cuando despierta, un enorme lobo de ojos llameantes yace sobre él, no devorándolo, sino dándole calor y protegiéndolo del frío mortal. Unos soldados que lo buscaban lo rescatan y ahuyentan a la bestia. De vuelta al hotel, el maître le entrega un telegrama que lo explica todo: procede de un tal Drácula, cuyo huésped será, y ordena velar por su seguridad —«tenga cuidado con mi invitado»—, pues «la nieve, los lobos y la noche suelen ser un peligro». El viajero comprende que ha estado bajo una «misteriosa protección». «El huésped de Drácula» es una joya del terror gótico y un preludio perfecto de la gran novela vampírica.