Introducción
Uno de los mejores cuentos de fantasmas de Charles Dickens, un relato de premonición y fatalidad ambientado en el mundo entonces nuevo y opresivo del ferrocarril. El narrador, paseando, se asoma a un profundo desmonte y saluda al guardavías que trabaja abajo, junto a la boca de un túnel sombrío: «¡Hola, el de ahí abajo!». El hombre reacciona de forma extraña, mirando primero hacia la vía en lugar de hacia arriba, como si aquellas palabras le resultaran terribles.
El narrador baja y traba amistad con él. El guardavías, culto y sensato, le confiesa al fin lo que lo atormenta: un espectro se le aparece junto a la luz roja del túnel, cubriéndose el rostro y agitando el brazo con el grito «¡Cuidado! ¡Por Dios, despeje el camino!». Cada aparición ha precedido a una desgracia en la línea: un choque de trenes, la muerte súbita de una joven pasajera. Ahora el fantasma ha vuelto una tercera vez, y el guardavías vive angustiado, presintiendo una nueva catástrofe que no sabe cómo evitar, atrapado por una responsabilidad que lo desborda.
Poco después, el narrador regresa y encuentra el desmonte lleno de gente: el guardavías ha muerto, atropellado por la máquina al salir esta del túnel. Y el maquinista, para su horror, le cuenta que gritó al hombre las mismas palabras del espectro —«¡El de ahí abajo! ¡Cuidado!»— y agitó el brazo con el mismo gesto que el guardavías había descrito. La premonición se ha cumplido en el propio vidente. «El guardavías» es una obra maestra del terror sobre el destino, la premonición y la angustia de saber sin poder impedir.