Introducción
Una pequeña joya cómica del joven Chéjov, maestro también del humor. Elías Peplot y su mujer Cleopatra espían, con el oído pegado a la puerta, la conversación que su hija Natáchinka mantiene con Schúpkin, un modesto maestro de escuela. El padre susurra su plan con delicia de cazador: en cuanto la charla llegue al terreno sentimental, entrarán de golpe con la imagen santa para bendecir a la pareja, pues «la bendición con la imagen es sagrada» y así el pretendiente ya no podrá escapar «aunque acuda a la justicia».
Tras la puerta, el galanteo avanza con torpeza deliciosa: la muchacha reprocha al maestro su mala letra —«¿Cómo enseña usted la caligrafía si usted mismo no sabe escribir?»—, y él se defiende con una sentencia impagable: «En la caligrafía, lo más importante no es la letra, sino la disciplina». Cuando por fin Schúpkin besa la mano de la joven, los padres irrumpen entre lágrimas: «¡Que Dios os bendiga, hijos míos!... ¡Creced y multiplicaos!».
Pero el desenlace es puro Chéjov: en su apresuramiento, la madre descuelga de la pared, en lugar del icono sagrado, el retrato de un publicista. La bendición se frustra, los padres quedan paralizados de confusión… y el maestro, comprendiendo que está salvado, aprovecha el desconcierto para escabullirse. «El fracaso» es una comedia perfecta y minúscula sobre las artimañas matrimoniales y el azar que las desbarata.