Introducción
La novela más sombría, filosófica y desconcertante de Mark Twain, escrita en los últimos y amargos años de su vida y publicada póstumamente. En la pequeña y adormecida aldea austríaca de Eseldorf, en el año 1590 —cuando «todavía era la Edad Media en Austria»—, tres muchachos, encabezados por el narrador Theodor, conocen a un joven forastero de belleza y encanto sobrenaturales que dice llamarse Satán: no el ángel caído, sino su sobrino, un ángel intacto, sin pecado y sin el «Sentido Moral» que aflige a los hombres.
El forastero obra prodigios ante los niños fascinados —crea diminutas criaturas vivientes que luego destruye con indiferencia—, y les muestra, con lúcida y fría piedad, la pequeñez, la crueldad, la superstición y la cobardía de lo que llama «la maldita raza humana». Les explica que solo el hombre, dotado de ese Sentido Moral, es capaz de hacer el mal a sabiendas: los animales «no infligen dolor por el placer de infligirlo, solo el hombre hace eso». Satán manipula los destinos de las gentes del pueblo, a veces de forma en apariencia cruel, alegando salvarlas de sufrimientos peores.
La novela culmina en uno de los finales más demoledores de toda la literatura. Satán revela al narrador la verdad última: nada de lo que cree real existe. «Nada existe; todo es un sueño. Dios, el hombre, el mundo, el sol, la luna… un sueño, todo un sueño; no tienen existencia». No hay cielo ni infierno, no hay más que el vacío; y el propio Theodor «no es más que un pensamiento errante… vagando desamparado entre las eternidades vacías». Luego el forastero se desvanece para siempre. «El forastero misterioso» es una fábula filosófica desgarradora sobre el mal, el libre albedrío y la irrealidad del mundo.