Introducción
Una de las sátiras más divertidas de Oscar Wilde, incluida en El príncipe feliz y otros cuentos, sobre la vanidad y el egocentrismo. Para las bodas de un príncipe con una pálida princesa rusa se organiza una gran función de fuegos artificiales. Entre los cohetes y bengalas que aguardan su momento destaca uno, el Famoso Cohete, de una fatuidad monumental: se considera un ser extraordinario, de exquisita sensibilidad, y desprecia a todos los demás fuegos como criaturas «vulgares».
El Cohete no hace sino hablar de sí mismo, de su importancia, de sus sentimientos sublimes y de la gran sensación que causará. Presume tanto de su sensibilidad que, para demostrarla, se pone a llorar… y se moja por completo. Así, cuando por fin llega el momento de la función y se disparan todos los fuegos con gran éxito, el Cohete, empapado, no puede encenderse y es arrojado, ignorado, a una cuneta.
Allí sigue convencido de su grandeza, tomando a unos patos y a unos niños por admiradores. Los niños lo echan al fuego para hervir su caldera; y el Cohete, seco al fin, estalla —«¡Bang! ¡Bang! ¡Bang!»— pero cuando ya nadie mira ni escucha: los niños duermen. No queda de él más que el palo, que cae sobre una oca. Y hasta el último instante, sin que nadie lo haya notado, musita: «¡Me parece que he causado una gran sensación!». «El famoso cohete» es una comedia perfecta sobre la fatuidad, el egoísmo y la ceguera de los vanidosos.