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Acerca del libro

Portada de El escudo de la ciudad

Franz Kafka

El escudo de la ciudad

Kafka reescribe el mito de Babel: al principio todo era orden, pero pensando que las generaciones futuras construirían mejor, nadie se esforzó en levantar la torre. El tiempo se fue en embellecer la ciudad de los obreros y en guerras por la vanidad, hasta que la torre se volvió imposible y quedó solo el anhelo de una destrucción liberadora. Una parábola sobre el aplazamiento infinito y la futilidad de las grandes empresas humanas.
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Portada de El escudo de la ciudad
El escudo de la ciudad
Franz Kafka

Introducción

La torre de Babel no fracasó por el castigo divino, sugiere Kafka, sino por un exceso de sensatez. Al principio había demasiado orden: intérpretes, alojamientos, caminos, como si hubiera siglos por delante. Y ahí nació la trampa. Si dentro de cien años se construirá mejor y más rápido, ¿por qué esforzarse al límite hoy?

Así, la gran idea —una torre que alcance el cielo— se aplaza generación tras generación. El tiempo se gasta en otra cosa: en embellecer la ciudad de los trabajadores, en rivalidades por tener el cuartel más hermoso, en guerras sangrientas por vanidad. La torre no crece; solo aumenta la destreza artística… y las ganas de pelea. Al final, todos saben que es imposible, pero están ya demasiado atados a la ciudad para marcharse.

La parábola termina con una imagen sombría: la ciudad sueña con ser aplastada por un puño gigante «en cinco golpes sucesivos», y por eso lleva un puño en su escudo. Kafka convierte el mito bíblico en una alegoría del aplazamiento infinito, de la energía humana desviada hacia la rivalidad, y del secreto anhelo de que algo ponga fin a una empresa que ya no sabe terminar.

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Cada gran obra esconde gemas del pensamiento

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