Introducción
Eran amigos como pocos: Alonso de Carrillo y Lope de Sandoval, dos jóvenes hidalgos del Toledo antiguo, inseparables en las fiestas, en las armas y en la vida. Hasta que en su camino se cruzó una mujer, la hermosa y coqueta Inés de Tordesillas, y aquella amistad de años empezó a resquebrajarse. Así comienza El Cristo de la calavera, una de las leyendas toledanas más intensas de Bécquer.
El relato observa con finura cómo los celos van envenenando un afecto verdadero. Inés, halagada, coquetea con ambos sin decidirse por ninguno, y los dos amigos, cegados por el orgullo y el deseo, pasan de la complicidad a la rivalidad y de la rivalidad al odio. Lo que estaba llamado a durar toda la vida se convierte en un duelo a muerte.
La cita es de noche, en un callejón estrecho iluminado apenas por la lamparilla que arde ante una vieja imagen: un Cristo montado sobre una calavera, esas figuras piadosas y sombrías que abundaban en las esquinas de la ciudad. Y es entonces, cuando los aceros van a cruzarse, cuando ocurre el prodigio que da nombre a la leyenda y detiene el brazo de los rivales.
Bécquer maneja aquí con maestría el terreno que más le gustaba: esa frontera en la que lo sobrenatural se asoma discretamente al mundo de los hombres para dejar una advertencia. El elemento maravilloso no busca el susto, sino el sentido; funciona como un signo, casi como una pregunta lanzada a la conciencia de los personajes.
Y bajo la anécdota late una mirada nada complaciente sobre los celos y sobre el juego de la coquetería. La leyenda invita a preguntarse qué valía realmente aquello por lo que dos amigos estuvieron a punto de matarse, y a quién beneficiaba de verdad su enemistad. Es un cuento de honor y de amor, pero también, en el fondo, de lucidez.
Con su ambientación toledana de callejas, conventos y aceros, y su prosa cargada de atmósfera, es una lectura breve y magnética, perfecta para descubrir la vertiente más caballeresca y moral de Bécquer.
Adéntrate en el callejón a oscuras, junto a la lámpara temblorosa del Cristo, y asiste al momento en que dos amigos se juegan la vida. Comprenderás por qué esta leyenda sigue viva siglo y medio después.