Introducción
Un brillante relato de Sherlock Holmes sobre una intriga urdida para condenar a un inocente. Un joven abogado aterrorizado, John Hector McFarlane, irrumpe en Baker Street perseguido por la policía: «soy el desdichado John Hector McFarlane», se presenta, acusado del asesinato de Jonas Oldacre, un constructor retirado de Norwood. Todas las pruebas lo señalan: Oldacre le había hecho heredero de su fortuna la víspera y ha desaparecido, dejando su casa manchada de sangre y un bastón del joven en el lugar.
La policía, encabezada por Lestrade, da el caso por cerrado, sobre todo cuando aparece una prueba definitiva: «la huella bien marcada de un pulgar» ensangrentado de McFarlane en la pared. Pero Holmes advierte un detalle imposible: esa huella no estaba allí el día anterior, cuando él mismo examinó el vestíbulo. Alguien la ha estampado después.
Holmes comprende entonces que Oldacre no está muerto: ha fingido su propio asesinato para vengarse de la madre de McFarlane, que lo rechazó años atrás, y para escapar de sus deudas, incriminando al hijo. El detective lo hace salir de su escondite provocando una falsa alarma de incendio, y reprocha a Lestrade: «has hecho todo lo posible para que ahorquen a un hombre inocente». «El constructor de Norwood» es un modelo de intriga, deducción y justicia rescatada en el último instante.