Introducción
«Los mil agravios de Fortunato los había yo soportado como mejor pude; pero cuando llegó el insulto, juré vengarme.» Con esa premisa arranca El barril de amontillado, la crónica de una venganza tan meticulosa como implacable. Montresor, el narrador, ha decidido castigar a Fortunato, y lo hará con una frialdad que hiela: sonriéndole, halagándolo y guiándolo, copa a copa, hacia su propia tumba.
Poe construye una obra maestra de la ironía y el horror contenido. Fortunato, disfrazado de bufón y ebrio de vanidad, cree que va a catar un vino excepcional en las catacumbas familiares; el lector, en cambio, sabe lo que le espera. La cortesía exquisita del asesino, sus dobles sentidos y la lenta construcción del muro que sepultará a la víctima crean una tensión insoportable. Es un relato sobre el orgullo, la venganza y la sonrisa amable tras la que puede esconderse la muerte.