Introducción
Tras una cena copiosa y bien regada, el narrador lee en el periódico la noticia de una muerte absurda y estalla de indignación: todos esos «accidentes extraños» que llenan la prensa son, decreta, pura patraña de escritorzuelos, y jura no volver a creer «nada que tenga algo de singular». Mala idea. Porque de inmediato una voz cavernosa le responde, y frente a él aparece el Ángel de lo Raro: una criatura grotesca hecha de toneles y botellas, con brazos de garrafa y un cómico acento alemán, empeñada en castigar su incredulidad.
«Soy el Ángel de lo Raro», anuncia; y lo es. A partir de ese momento, el escéptico narrador se ve arrastrado por una cascada de accidentes tan absurdos como humillantes —cada uno más improbable que el anterior— destinados a demostrarle, en carne propia, que lo raro existe y gobierna el mundo más de lo que la razón quiere admitir.
Es Poe en su vena cómica y satírica, muy lejos del terror que lo hizo célebre. Bajo la farsa hay una burla doble: de la credulidad sensacionalista de la prensa y del racionalismo engreído que se cree a salvo del azar. Un cuento ligero, disparatado y delicioso, que demuestra que el maestro del horror también sabía hacer reír.