Introducción
Un relato breve y poderoso de Nathaniel Hawthorne, a medio camino entre la leyenda patriótica y la aparición sobrenatural. La Nueva Inglaterra de finales del siglo XVII gime bajo la tiranía de Sir Edmund Andros, el gobernador impuesto por el rey Jaime II: derechos violados, títulos de propiedad anulados, la prensa amordazada y una tropa mercenaria que por primera vez huella el suelo colonial. Tras dos años de sumisión, corre el rumor de que Guillermo de Orange se ha alzado contra el rey.
Una tarde, Andros y su séquito armado desfilan por King Street, en Boston, para intimidar al pueblo reunido. La multitud, resentida y a punto de estallar, se enfrenta a los soldados. Y entonces, en el espacio vacío entre ambos bandos, aparece una figura solemne: un anciano de cabellos blancos, vestido a la antigua usanza de los primeros puritanos, que avanza solo y ordena al gobernador detenerse.
El anciano Campeón increpa al tirano con voz de otro tiempo —«como alguien que no estuviera acostumbrado a hacer uso de la palabra, excepto con los muertos de años atrás»— y le anuncia que su poder ha terminado: «esta noche tu poder ha terminado; mañana, la prisión». Su presencia electriza a la multitud, y Andros, sobrecogido, ordena la retirada. Antes del anochecer siguiente, el gobernador es prisionero y Guillermo es proclamado rey. Pero ¿quién era el anciano? Nadie volvió a verlo: se desvaneció entre las sombras del crepúsculo. Hawthorne cierra convirtiéndolo en símbolo eterno: siempre que la tiranía amenace a la Nueva Inglaterra, «volvería de nuevo el anciano campeón, porque encarna el espíritu genuino» de su pueblo. Reapareció, dicen, en Lexington y en Bunker Hill. «El anciano campeón» es una parábola inolvidable sobre la libertad y la resistencia a la opresión.