Editar capítulo

Texto plano · una línea en blanco separa párrafos · «## » = subtítulo

caracteres
Cronómetro:

Lectura rápida

Premium
Velocidad ppm

Demo hasta ppm · Premium llega a ppm.

Palabras por ráfaga

Más de 1 palabra por ráfaga es premium.

Entrenar fijaciones
Intensidad
ppm
Introducción

Tipografía y lectura

Tamaño
Fondo
Ancho
Justificado
Guiones (partición)
Ortografía moderna (fué→fue)
Fuente

Voz

Tu navegador no tiene voces instaladas para la lectura.

¿Las voces suenan robóticas? Cómo instalar voces más naturales →

Acerca del libro

Portada de El alquimista

H. P. Lovecraft

El alquimista

Hay relatos que Lovecraft escribió antes de ser Lovecraft, y «El alquimista» es uno de ellos. Lo compuso hacia 1908, cuando tenía apenas dieciocho años, y no vio la luz impresa hasta 1916. Es, en cierto modo, un documento de origen: la primera piedra visible de un edificio que tardaría décadas en alzarse por completo.
Ver ficha completa

Reportar un error

¿Qué problema encontraste en este libro?

Para leer o escuchar la obra completa, adquiérela y consérvala para siempre, o hazte Premium.

Regístrate para conseguir este libro con tu 1.er crédito, o hazte Premium.

👑 Premium · acceso ilimitado
Portada de El alquimista
El alquimista
H. P. Lovecraft

Introducción

Hay relatos que Lovecraft escribió antes de ser Lovecraft, y «El alquimista» es uno de ellos. Lo compuso hacia 1908, cuando tenía apenas dieciocho años, y no vio la luz impresa hasta 1916. Es, en cierto modo, un documento de origen: la primera piedra visible de un edificio que tardaría décadas en alzarse por completo. Leerlo hoy equivale a escuchar los primeros compases de una sinfonía que todavía no sabe exactamente lo que será, pero que ya reconoces.

El relato pertenece a una tradición que Lovecraft absorbió con devoción casi enfermiza: la de los cuentos góticos europeos, los castillos en ruinas, las maldiciones hereditarias, los secretos que se pudren durante siglos en los sótanos de las familias nobles. Hay ecos de Poe, naturalmente, pero también de las viejas leyendas medievales que el joven Howard Phillips devoraba en la biblioteca de su abuelo en Providence. La historia huele a pergamino y a piedra húmeda.

Lo que distingue a «El alquimista» de un simple ejercicio de imitación es la obsesión que ya late en su centro: el tiempo. No el tiempo como telón de fondo, sino el tiempo como amenaza, como sustancia corrosiva que puede doblarse o romperse. Lovecraft siempre tuvo miedo al tiempo —a lo que deja atrás, a lo que arrastra consigo, a lo que no muere cuando debería—, y ese miedo aparece aquí en su forma más desnuda y directa, sin los disfraces cósmicos que vendría a inventar más tarde.

El protagonista es un joven aristócrata que carga con una maldición transmitida de generación en generación. Hasta ahí, nada que no hayamos visto. Pero Lovecraft hace algo curioso: narra desde dentro de esa herencia, desde la intimidad de quien ha crecido sabiendo que algo antiguo y paciente lo espera. Esa perspectiva convierte el relato en algo más cercano a una confesión que a una historia de terror convencional.

Existe también en estas páginas una fascinación genuina por el conocimiento prohibido, por la ciencia que cruza fronteras que no debería cruzar. La alquimia no es aquí metáfora decorativa: es el instrumento de una venganza que desafía las leyes naturales. Y Lovecraft, que era un racionalista convencido y al mismo tiempo un escritor que necesitaba creer en lo imposible para poder escribir, manejaba esa contradicción con una honestidad que se nota.

Quienes llegan a este relato después de haber leído «La llamada de Cthulhu» o «Los sueños en la casa de la bruja» encontrarán aquí algo inesperadamente íntimo, casi doméstico en su horror. No hay dioses ciegos vagando por el cosmos. Hay una torre, una familia, un hombre y una cuenta pendiente que lleva siglos sin saldarse. La escala es pequeña; el escalofrío, no.

Y quienes lleguen a Lovecraft por primera vez a través de «El alquimista» descubrirán algo valioso: que detrás del monstruo más citado de la literatura fantástica del siglo XX había un escritor que empezó exactamente donde empiezan todos, aprendiendo a dar miedo con las herramientas que tenía a mano, puliendo una voz que todavía no era del todo suya pero que ya era inconfundible.

Este relato breve —se lee en una sola sentada, en menos tiempo del que tarda en enfriarse una taza de té— guarda la rareza de los comienzos verdaderos. Hay en él algo que los grandes libros posteriores, con toda su ambición, no pueden tener: la urgencia de quien escribe sin red, sin reputación que proteger, con la única certeza de que tiene algo que contar y que debe contarlo ahora.

Toca un párrafo

Cada gran obra esconde gemas del pensamiento

Hay frases que atraviesan los siglos, revelan verdades profundas y muchas veces cambian vidas. Viven escondidas en las obras que han marcado la historia de la humanidad. Leer es minarlas: cuando encuentres una que de verdad lo sea, márcala; si es una gema, se publicará con tu nombre en la página del autor y del libro. También descubrirás las gemas que ha hallado la comunidad.

No toda frase es una gema: una gema se sostiene sola, dice algo profundo y resuena en cualquiera.

Guardar en colección

Aún no tienes colecciones. Crea la primera abajo.