Introducción
Un cuento maravilloso de los hermanos Grimm sobre la humildad, la bondad y el castigo de la soberbia. Un rey enferma de muerte, y los sabios anuncian que solo puede curarlo el agua de la vida, casi imposible de hallar. Sus tres hijos parten a buscarla, uno tras otro. Los dos mayores lo hacen movidos por la codicia —«mi padre me premiará generosamente»— y, al cruzarse con un enano que les pregunta adónde van, lo tratan con desprecio; el duende, ofendido, los deja atrapados en un desfiladero cada vez más estrecho.
El menor, en cambio, responde al enano con amabilidad y humildad, y este lo recompensa: «Has resultado ser amable y humilde, y mereces mi favor». Le da una varita y dos panes, y le explica cómo entrar en el castillo encantado, amansar a las fieras y conseguir el agua antes de que den las doce. Allí el príncipe libera a una hermosa princesa, que promete casarse con él al cabo de un año, y logra el agua que salvará a su padre.
De regreso, el enano lo ayuda a liberar a sus hermanos —«están atrapados por la avaricia y el egoísmo, pero tu bondad les hará libres»— pero le advierte que se cuide de ellos. En efecto, los envidiosos hermanos lo traicionan. Sin embargo, la princesa había mandado tender una carretera de oro y ordenado dejar pasar solo a quien fuera «por el centro»; y solo el menor, absorto en su amor, la recorre sin rodearla. Así se descubre la verdad, y el bondadoso príncipe obtiene a su amada. «El agua de la vida» es una fábula sobre la humildad recompensada y la soberbia castigada.