Introducción
Una de las fábulas más breves, sencillas y conmovedoras de los hermanos Grimm, una pequeña joya de sabiduría moral que se recuerda toda la vida. Un anciano muy viejo, casi ciego y sordo, con las manos temblorosas, se ha vuelto una molestia para su hijo y su nuera: derrama la comida, deja caer la copa, apenas puede sostener la cuchara. Cansados de él, lo apartan de la mesa familiar y lo relegan a comer solo en un rincón, en un mísero plato de barro.
Un día el anciano rompe sin querer su escudilla, y su nuera, en lugar de compadecerse, lo cubre de reproches y le compra una tosca tartera de madera para que coma en ella como un animal. El viejo agacha la cabeza y calla, sin atreverse a responder. La humillación del abuelo parece consumada.
Pero entonces ocurre la lección: los padres ven a su hijo pequeño juntando trozos de madera en el suelo, muy afanado. Al preguntarle qué hace, el niño responde con inocencia devastadora que está fabricando una tartera «para dar de comer a papá y a mamá cuando sean viejos». Los padres, avergonzados, rompen a llorar, devuelven al abuelo a la mesa y lo tratan desde entonces con toda amabilidad. «El abuelo y el nieto» es una inolvidable parábola sobre el respeto a los mayores y sobre cómo los hijos aprenden de lo que ven.