Introducción
Casi un siglo antes de que el hombre pisara la Luna, Julio Verne ya había imaginado cómo llegar hasta ella. En De la Tierra a la Luna, un club de artilleros norteamericanos, ociosos tras la guerra, decide emplear su pericia en un proyecto delirante: construir el cañón más grande jamás visto para disparar un proyectil hacia nuestro satélite. Lo que empieza como una fanfarronada se convierte, gracias a la mezcla característica de Verne, en una aventura llena de cálculos, audacia y humor.
El relato es tan divertido como visionario. Verne satiriza el entusiasmo desmedido y el gigantismo estadounidense —todo ha de ser lo más grande del mundo— mientras desarrolla con seriedad asombrosa los problemas técnicos del viaje: la velocidad de escape, el punto de lanzamiento en Florida, la resistencia de los viajeros. Y cuando el intrépido francés Michel Ardan propone viajar dentro del propio proyectil, la locura se vuelve epopeya. Sorprende hoy comprobar cuántas de sus intuiciones anticiparon la carrera espacial real. Leerlo es asistir, entre risas y asombro, al nacimiento del sueño de conquistar el cielo.