Editar capítulo

Texto plano · una línea en blanco separa párrafos · «## » = subtítulo

caracteres
Cronómetro:

Lectura rápida

Premium
Velocidad ppm

Demo hasta ppm · Premium llega a ppm.

Palabras por ráfaga

Más de 1 palabra por ráfaga es premium.

Entrenar fijaciones
Intensidad
ppm
Introducción

Tipografía y lectura

Tamaño
Fondo
Ancho
Justificado
Guiones (partición)
Ortografía moderna (fué→fue)
Fuente

Voz

Tu navegador no tiene voces instaladas para la lectura.

¿Las voces suenan robóticas? Cómo instalar voces más naturales →

Acerca del libro

Portada de Cuentos morales

Leopoldo Alas «Clarín»

Cuentos morales

Hay escritores que se ganan la inmortalidad con un solo libro, y Clarín fue uno de ellos: La Regenta lo consagró para siempre. Pero existe una trampa en esa clase de gloria, y es que el resplandor de la obra mayor puede oscurecer todo lo que la rodea. Así ha ocurrido durante demasiado tiempo con estos Cuentos morales, relegados al margen como quien guarda en un cajón las cartas más íntimas de un hombre célebre.
Ver ficha completa

Reportar un error

¿Qué problema encontraste en este libro?

Para leer o escuchar la obra completa, adquiérela y consérvala para siempre, o hazte Premium.

Regístrate para conseguir este libro con tu 1.er crédito, o hazte Premium.

👑 Premium · acceso ilimitado
Portada de Cuentos morales
Cuentos morales
Leopoldo Alas «Clarín»

Introducción

Hay escritores que se ganan la inmortalidad con un solo libro, y Clarín fue uno de ellos: La Regenta lo consagró para siempre. Pero existe una trampa en esa clase de gloria, y es que el resplandor de la obra mayor puede oscurecer todo lo que la rodea. Así ha ocurrido durante demasiado tiempo con estos Cuentos morales, relegados al margen como quien guarda en un cajón las cartas más íntimas de un hombre célebre. Abrirlos hoy es descubrir que en ese cajón estaba, quizás, lo más vivo de Leopoldo Alas.

Clarín publicó estos relatos en los últimos años del siglo XIX, cuando España atravesaba una de esas encrucijadas históricas que obligan a los hombres sensibles a mirarse por dentro. Él lo hizo con una pluma que nunca eligió entre la ternura y la ironía, sino que las fundió en una sola voz: la de alguien que ama a sus personajes precisamente porque los conoce demasiado bien, con todos sus ridículos y todas sus grandezas.

El adjetivo morales del título merece una advertencia. No busque aquí sermones ni lecciones edificantes servidas con cuchara. La moral de Clarín no es la del catecismo sino la del observador que se pregunta, sin descanso, cómo vivimos y por qué nos cuesta tanto hacerlo bien. Sus personajes —curas de pueblo, mujeres atrapadas en convencionalismos, soñadores que tropiezan con la realidad, almas que buscan algo que no saben nombrar— no ilustran una tesis: la encarnan, la contradicen, la sufren.

Lo que hace singular este libro entre los libros de cuentos de su época es la temperatura emocional que Clarín consigue mantener. Hay relatos que empiezan como comedias costumbristas y terminan rozando lo sagrado. Hay otros donde la ironía más cortante se detiene de pronto, como si el autor se hubiera avergonzado de herir demasiado, y deja paso a una compasión que duele más que cualquier sarcasmo. Esa oscilación no es inconsistencia: es honestidad.

Clarín fue, ante todo, un crítico literario temido. Su pluma demolió reputaciones infladas y encumbró talentos ignorados. Pero cuando escribía ficción, esa misma inteligencia analítica se ponía al servicio de algo más misterioso: la capacidad de habitar una conciencia ajena, de escuchar sus contradicciones sin juzgarlas del todo. En estos cuentos se nota que el crítico ha salido a pasear y ha dejado la puerta abierta al novelista.

La brevedad del cuento le sentaba bien. Sin el espacio para construir la catedral arquitectónica de La Regenta, Clarín aprendió a decir lo esencial con una sola imagen, un diálogo que se corta antes de tiempo, un silencio que el lector debe completar. Hay páginas aquí que funcionan como esas fotografías antiguas en las que el gesto capturado revela toda una vida.

Leer estos relatos es también asomarse al fin de un siglo que se sentía acabar. España perdería en 1898 sus últimas colonias; Europa entera presentía que algo se rompía bajo los pies. Clarín murió en 1901, justo en el umbral, sin ver el siglo que vendría. Pero en estos cuentos hay ya una inquietud, una búsqueda espiritual que anticipa el tono de toda la generación siguiente.

Y sin embargo, nada de esto los hace pesados. Tienen humor, tienen gracia, tienen ese don de los grandes narradores que consiste en hacer que una historia pequeña se sienta enorme sin que uno sepa exactamente cuándo ocurrió el milagro. Clarín entra por la puerta de lo cotidiano y, cuando uno se da cuenta, ya está en otro sitio.

Estas páginas llevan esperando demasiado tiempo en la sombra de una novela gigante. Ya es hora de leerlas por lo que son.

Toca un párrafo

Cada gran obra esconde gemas del pensamiento

Hay frases que atraviesan los siglos, revelan verdades profundas y muchas veces cambian vidas. Viven escondidas en las obras que han marcado la historia de la humanidad. Leer es minarlas: cuando encuentres una que de verdad lo sea, márcala; si es una gema, se publicará con tu nombre en la página del autor y del libro. También descubrirás las gemas que ha hallado la comunidad.

No toda frase es una gema: una gema se sostiene sola, dice algo profundo y resuena en cualquiera.

Guardar en colección

Aún no tienes colecciones. Crea la primera abajo.