Introducción
Una de las sátiras más divertidas e inteligentes de Edgar Allan Poe, una comedia sobre la vanidad del hombre moderno y el mito del progreso. El narrador es sacado de la cama una noche para asistir a un experimento extraordinario: un grupo de eruditos —el doctor Ponnonner, el egiptólogo Gliddon y el señor Buckingham— se dispone a examinar una momia egipcia perfectamente conservada, extraída de una tumba cerca de Tebas.
Por diversión, deciden aplicarle una descarga de la pila galvánica (la electricidad, la gran novedad científica de la época). Para su estupor, la momia despierta: es el conde Allamistakeo, un egipcio de miles de años que se incorpora, se indigna por el trato recibido y, con perfecta elegancia, entabla conversación con los caballeros. A partir de ahí, el relato es un duelo hilarante: los modernos intentan deslumbrar al antiguo con los logros de su civilización, y el conde, uno tras otro, los desarma.
Frente a la arquitectura, la momia recuerda los obeliscos labrados con herramientas de cobre; frente al «Gran Movimiento de Progreso», observa que en su tiempo los grandes movimientos abundaban y que el Progreso «nunca progresó»; frente a la Democracia, cuenta cómo trece provincias egipcias se hicieron libres y acabaron bajo el más odioso despotismo, el de un tirano llamado «Multitud». Solo el vapor, las pastillas de Ponnonner y la ropa moderna quedan sin réplica. Humillado y «sinceramente harto de esta vida y del siglo XIX en general», el narrador resuelve al final hacerse embalsamar «por un par de cientos de años». «Conversación con una momia» es una comedia maestra contra la soberbia de lo contemporáneo.