Editar capítulo

Texto plano · una línea en blanco separa párrafos · «## » = subtítulo

caracteres
Cronómetro:

Lectura rápida

Premium
Velocidad ppm

Demo hasta ppm · Premium llega a ppm.

Palabras por ráfaga

Más de 1 palabra por ráfaga es premium.

Entrenar fijaciones
Intensidad
ppm
Introducción

Tipografía y lectura

Tamaño
Fondo
Ancho
Justificado
Guiones (partición)
Ortografía moderna (fué→fue)
Fuente

Voz

Tu navegador no tiene voces instaladas para la lectura.

¿Las voces suenan robóticas? Cómo instalar voces más naturales →

Acerca del libro

Portada de Conan el bucanero

Robert E. Howard

Conan el bucanero

Hay escritores que construyen mundos, y hay escritores que los desatan. Robert E. Howard pertenece a la segunda especie.
Ver ficha completa

Reportar un error

¿Qué problema encontraste en este libro?

Para leer o escuchar la obra completa, adquiérela y consérvala para siempre, o hazte Premium.

Regístrate para conseguir este libro con tu 1.er crédito, o hazte Premium.

👑 Premium · acceso ilimitado
Portada de Conan el bucanero
Conan el bucanero
Robert E. Howard

Introducción

Hay escritores que construyen mundos, y hay escritores que los desatan. Robert E. Howard pertenece a la segunda especie. En los años treinta, desde un pequeño pueblo de Texas llamado Cross Plains, este joven de vida breve y imaginación desbordante inventó la Edad Hiboria: un continente imaginario situado en un pasado mítico que no existe en ningún atlas pero que cualquier lector reconoce de inmediato como territorio propio. Y en el centro de ese continente puso a un hombre: Conan de Cimmeria, bárbaro, guerrero, ladrón, rey. Una figura tan poderosa que lleva casi un siglo negándose a desaparecer.

Conan el bucanero nos entrega una de las facetas más libres y peligrosas de ese personaje: la del corsario. Aquí Conan no defiende ningún trono ni obedece ninguna ley; gobierna una cubierta de madera sobre un mar sin fronteras, y con él gobiernan también el viento, la traición y algo mucho más antiguo que cualquier reino humano. Howard entendía que el mar es el espacio narrativo de la libertad absoluta, el lugar donde los mapas se acaban y los monstruos empiezan, y lo usó con una generosidad que pocas veces se ve en la literatura de aventuras.

Porque eso es, ante todo, lo que Howard escribía: literatura de aventuras. Y conviene decirlo sin disculpas, porque durante demasiado tiempo esa etiqueta se usó como un modo elegante de restar. Las historias de Conan fueron publicadas en las revistas pulp de la época, impresas en papel barato para lectores que querían emoción y no tenían tiempo que perder. Howard les dio emoción, sí, pero también les dio algo que no esperaban: una prosa de músculo y ritmo, capaz de pasar en una sola frase del susurro a la tormenta.

Lo que distingue a este libro de otras aventuras de su género es la tensión entre la grandeza física del protagonista y su soledad esencial. Conan manda, vence, seduce, pero hay en él una extrañeza fundamental, la de quien ha visto demasiado y no pertenece del todo a ningún lugar. Esa melancolía que late bajo la acción es lo que convierte un relato de piratas en algo más difícil de olvidar.

Howard murió con treinta años, en 1936, sin llegar a ver cómo su creación se convertía en uno de los personajes más reconocibles de la cultura popular del siglo XX. Hay algo perturbador en esa desproporción: una vida tan corta, una sombra tan larga. Quizás por eso sus textos conservan cierta urgencia, cierta sensación de que el autor escribía como quien no puede permitirse detenerse.

Leer Conan el bucanero hoy es descubrir que la fantasía heroica, cuando está bien hecha, no es evasión sino amplificación: toma los miedos, los deseos y las preguntas que llevamos encima y los proyecta a escala épica para que podamos verlos mejor. El mar que atraviesa Conan es también el nuestro. Las traiciones que esquiva son también las nuestras. Y esa oscuridad que acecha bajo las olas, esa presencia que ningún remo alcanza a dejar atrás, también la conocemos.

Abra estas páginas y deje que el viento cambie.

Toca un párrafo

Cada gran obra esconde gemas del pensamiento

Hay frases que atraviesan los siglos, revelan verdades profundas y muchas veces cambian vidas. Viven escondidas en las obras que han marcado la historia de la humanidad. Leer es minarlas: cuando encuentres una que de verdad lo sea, márcala; si es una gema, se publicará con tu nombre en la página del autor y del libro. También descubrirás las gemas que ha hallado la comunidad.

No toda frase es una gema: una gema se sostiene sola, dice algo profundo y resuena en cualquiera.

Guardar en colección

Aún no tienes colecciones. Crea la primera abajo.