Introducción
El primer relato que publicó Robert Louis Stevenson, y una pequeña joya de ambiente medieval y hondura moral. En una noche de noviembre de 1456, la nieve cae sin tregua sobre París. En una casucha a las afueras, el poeta y vagabundo François Villon compone versos junto a un puñado de rufianes: el bobo Tabary, el astuto Nicolás, y los jugadores Montigny y Thévenin. Villon bromea sobre la nieve —«¿sería que Júpiter pelaba todos los gansos del Olimpo?»— mientras la partida de dados se caldea.
De pronto, una disputa de juego estalla en violencia: Montigny apuñala a Thévenin y lo deja muerto sobre la mesa. Villon, tras apoderarse del dinero del cadáver, huye a las calles heladas, aterrado ante la idea de la horca. Vaga por la ciudad blanca y desierta, tropieza con el cuerpo congelado de una mendiga —ya despojada de sus últimas monedas— y, muerto de frío y sin techo, llama al azar a una puerta.
Le abre un viejo y noble caballero, el señor de Brisetout, que lo acoge, lo calienta y comparte con él su cena. Entre el fuego y el vino se entabla un largo y memorable duelo de palabras sobre el honor, la pobreza y el robo: Villon sostiene, con cínica lucidez, que su oficio de ladrón no es peor que el saqueo «honorable» de los soldados y los señores, y que la necesidad manda más que el libre albedrío. Escandalizado, el anciano lo llama «bribón y vagabundo» y, al amanecer, lo echa. Villon se aleja bajo la luz gris del alba pensando solo una cosa: «¡Qué idiota era ese anciano! ¿Qué podían valer aquellos vasos?». «Cobijo por una noche» es una obra maestra sobre el honor, la miseria y la relatividad de la moral.