Introducción
De todos los diálogos que llevan el nombre de Platón, «Clitofón» es el más extraño: es el único en que Sócrates recibe una crítica y se queda callado. El joven Clitofón, lejos de refutar al maestro, empieza por elogiarlo con entusiasmo: nadie como Sócrates para sacudir a los hombres de su modorra, para reprocharles que amontonen riquezas sin cuidar del alma, para exhortarlos a la virtud y a la justicia.
Pero entonces plantea la objeción que da sentido al diálogo: las exhortaciones están muy bien «para excitarnos, sacudirnos y despertarnos de nuestro entorpecimiento»… ¿y después? Clitofón cuenta que ha preguntado a los discípulos de Sócrates, y luego al propio Sócrates, una y mil veces, qué es exactamente la justicia y cómo se aprende. Y no ha obtenido más que rodeos: que es «lo útil», «lo conveniente», «la amistad entre los Estados»… definiciones que se deshacen en cuanto se aprietan.
La conclusión es tan aguda como incómoda: para quien aún no ha despertado a la virtud, Sócrates es «el más precioso de los hombres»; pero para quien ya despertó y quiere avanzar, corre el riesgo de ser «un obstáculo». O bien Sócrates no sabe qué es la justicia, o no quiere enseñarla. Un texto breve y punzante que funciona como pórtico crítico a la gran pregunta de «La República».