Introducción
Una de las obras más irreverentes, mordaces y valientes de Mark Twain, escrita al final de su vida y demasiado explosiva para publicarse en su época. El marco es una travesura teológica: Satán, desterrado del cielo por sus impertinencias, baja a la Tierra y escribe una serie de cartas confidenciales a los arcángeles Miguel y Gabriel, describiéndoles con asombro y sarcasmo a la extraña criatura llamada hombre y a su aún más extraño Dios.
Desde esa mirada externa y divertida, Twain desmonta una a una las contradicciones de la religión y de la autocomplacencia humana. Se burla, sobre todo, del cielo que el hombre ha imaginado: «lo ha inventado de su propia cabeza» y lo ha llenado precisamente de las cosas que en la Tierra no soporta —cantar sin descanso durante horas, tocar el arpa, rezar día y noche—, mientras excluye los placeres que de verdad ama. «Su cielo es como él: extraño, interesante, asombroso, grotesco», y no contiene «ni una sola característica que él realmente valore».
Con esa lógica implacable y su humor demoledor, las cartas recorren el Diluvio, la moral bíblica, la hipocresía sexual, la crueldad de la naturaleza y la vanidad de una especie que se cree la favorita del universo. Cartas desde la Tierra es el testamento satírico de Twain: una carcajada amarga y lúcida sobre la religión, la fe y la eterna capacidad humana de engañarse a sí misma.