Introducción
«Que es mi barco mi tesoro, que es mi Dios la libertad.» Pocos versos han resumido con tanta fuerza el espíritu romántico como este himno de José de Espronceda. Su protagonista, un pirata, no representa a un simple bandido del mar: es el símbolo del hombre libre que se ha puesto por encima de las leyes, las patrias y los reyes, y que hace de su independencia su única religión.
Con un ritmo trepidante y musical, que imita el vaivén de las olas y el avance del bajel, el poema exalta al rebelde, al marginado que desafía a la sociedad entera y no teme ni a la muerte. Es, a la vez, una obra maestra de la métrica y un manifiesto: la voz de una generación que reivindicaba la libertad individual frente a toda autoridad. Léalo en voz alta y sentirá por qué generaciones enteras se lo han aprendido de memoria.