Introducción
El relato que consagró a Guy de Maupassant y una de las cumbres del cuento universal: una demoledora sátira de la hipocresía burguesa ambientada en la guerra franco-prusiana de 1870. Una diligencia huye de Ruán, ocupada por los prusianos, hacia Le Havre. En ella viajan diez personas: matrimonios respetables y acomodados —los Loiseau, comerciantes de vino; los Carré-Lamadon, industriales; el conde y la condesa de Bréville—, dos monjas, el demócrata Cornudet y, para escándalo de todos, Élisabeth Rousset, una prostituta gorda y bonachona a la que apodan «Bola de Sebo».
El viaje se alarga y el hambre aprieta; solo Bola de Sebo ha tenido la previsión de llevar una cesta de provisiones, que comparte con generosidad con todos los que, horas antes, la despreciaban. En una posada de Tôtes, un oficial prusiano detiene el coche: no lo dejará continuar hasta que Bola de Sebo acceda a acostarse con él. Ella se niega, por dignidad y patriotismo. Pero los demás viajeros, impacientes por partir, la asedian y la manipulan sin piedad —con argumentos de sacrificio, de deber, hasta con la complicidad de las monjas— hasta que la pobre mujer cede por el bien de todos.
Y entonces sobreviene la infamia final: liberados gracias a su sacrificio, los mismos que la usaron la tratan con desprecio glacial. Comen sus provisiones sin ofrecerle nada a ella, que ahora no tiene comida; se apartan «como si hubiera traído una infección en sus faldas»; el conde aleja a su esposa «de ese contacto impuro». Mientras Cornudet silba la Marsellesa, Bola de Sebo, humillada y hambrienta, llora en la oscuridad del carruaje. «Bola de Sebo» es una obra maestra sobre la hipocresía, el egoísmo de clase y la falsa respetabilidad.