Introducción
En la peor habitación de un hotel miserable, un estudiante de medicina ambicioso, Klochkov, estudia en voz alta mientras Aniuta, pálida y callada, cose junto a la ventana helada para poder comprar té, azúcar y tabaco. Es la sexta muchacha con la que Klochkov vive; las anteriores acompañaron a otros estudiantes que ya hicieron carrera y las olvidaron. Chéjov, con su economía magistral, nos muestra la vida gris de una mujer que existe solo en función del hombre al que sostiene.
La escena central es de una crueldad involuntaria escalofriante: para repasar anatomía, Klochkov le pide a Aniuta que se desnude el torso y le dibuja las costillas con carboncillo, la ausculta golpeándole el pecho, sin advertir que la muchacha tiembla de frío y se le amoratan los labios. Ella no se mueve, temiendo estorbar: «Si no me estoy quieta, no saldrá bien de los exámenes». Poco después, un pintor se la lleva «prestada» como modelo, y Klochkov la anima: «Es por el arte... Bien puedes hacer ese pequeño sacrificio».
Cuando, contagiado por los reproches del pintor sobre la suciedad y la pobreza, Klochkov decide separarse de Aniuta —pues no encaja en el porvenir lujoso que imagina—, ella recoge en silencio su labor y aparta unos terrones de azúcar: «Esto es de usted». Pero él, por pura debilidad, la retiene una semana más. «Aniuta» es una de las miniaturas más perfectas de Chéjov: sin denunciar ni sentenciar, retrata la explotación cotidiana, la ternura ausente y la dignidad callada de los humildes.