Introducción
Uno de los relatos más conmovedores y humanos de Joseph Conrad, una tragedia sobre el desarraigo, la extranjería y la soledad insalvable. El médico rural Kennedy cuenta al narrador la historia de Yanko Goorall, un joven campesino de los Cárpatos que, emigrando hacia América en busca de una vida mejor, naufraga frente a las costas de Kent. Único superviviente, arrojado por el mar a una aldea inglesa, aparece medio ahogado, incapaz de hablar el idioma, con ropas y gestos extraños.
Los aldeanos, temerosos y hostiles a lo desconocido, lo tratan como a un loco peligroso o una bestia: lo apedrean, lo encierran en una cochera, huyen de él. Solo Amy Foster, una humilde criada de mirada corta y corto entendimiento, pero de corazón bondadoso —«tierna con cada criatura viviente»—, se apiada de él y le lleva pan. Con el tiempo, Yanko encuentra trabajo, se gana cierto lugar en el pueblo y se casa con Amy. Tienen un hijo.
Pero el abismo cultural no se cierra: la lengua extraña de Yanko, sus canciones, sus oraciones, su deseo de enseñar su idioma al niño, van despertando en Amy el mismo miedo instintivo de los demás. Cuando Yanko cae gravemente enfermo de fiebre y, delirante, pide agua a gritos en su lengua materna, Amy —dominada por «el terror irracional de ese hombre que no podía entender»— huye con el niño y lo abandona. Yanko muere esa noche, solo, bajo la lluvia, «para perecer en el supremo desastre de la soledad y la desesperación». «Amy Foster» es una obra maestra desgarradora sobre la incomunicación y el rechazo al extraño.