Introducción
Hay una tormenta de nieve en algún lugar de Rusia. Un hombre rico y un hombre pobre cabalgan juntos hacia ningún sitio, perdidos en la blancura. Eso es todo. Y sin embargo, en esas pocas horas que dura el relato, Tolstói logra lo que muy pocos escritores han conseguido en cientos de páginas: mostrarnos el instante exacto en que un ser humano se convierte en otro.
Amo y criado es una novela corta escrita en 1895, cuando Tolstói llevaba ya años en una especie de segunda vida espiritual, alejado de los salones y entregado a una búsqueda moral que le había costado amistades, comodidades y la paz doméstica. No es casual que la escribiera entonces. Hay en ella una urgencia que no tienen ni Guerra y paz ni Anna Karénina: la urgencia de quien siente que le queda poco tiempo para decir lo más importante.
El amo se llama Vasili Andréich Brekhunov, y desde el primer párrafo lo conocemos perfectamente: es el tipo de hombre que mide el mundo en rublos, que trata a los demás como instrumentos y que confunde la ambición con la energía vital. El criado, Nikita, es su opuesto silencioso: un hombre sencillo, bebedor, maltratado por la vida, que lleva su pobreza con una especie de mansedumbre que al principio parece resignación y luego resulta ser algo mucho más profundo. Tolstói los pone juntos en la nieve no para hacer una alegoría fácil, sino para observar, con la paciencia de un naturalista y la compasión de un confesor, qué ocurre cuando el frío lo despoja todo.
Lo extraordinario de este relato es su velocidad. Tolstói, que sabía construir mundos enteros con la lentitud de un arquitecto, aquí condensa. Cada detalle del paisaje nevado tiene peso; cada gesto entre los dos hombres resuena. La tormenta no es un decorado: es una presión constante que va apretando hasta que algo cede. Y lo que cede no es lo que esperamos.
Existe una tradición crítica que lee esta obra como un cuento moral, casi una parábola cristiana. No está equivocada, pero se queda corta. Porque Tolstói no predica: muestra. Y lo que muestra tiene esa cualidad perturbadora de las cosas verdaderas, que no se dejan reducir a una lección. El lector sale de estas páginas con algo difícil de nombrar, algo parecido a lo que se siente después de haber estado muy cerca de un peligro real.
También hay que decir que es un texto de una belleza física casi insoportable. La estepa rusa en invierno, los caballos que resoplan, el viento que borra los caminos: Tolstói escribe el frío de una manera que hace que el lector quiera arroparse. Pocos escritores han sabido hacer de la naturaleza un personaje con tanta economía de medios.
Quizás lo más notable sea esto: Amo y criado fue escrita por un hombre de sesenta y siete años que había visto demasiado, que había sido joven y vanidoso y brillante, y que a esa altura de su vida solo le interesaba una pregunta. No la pregunta sobre Dios ni sobre la muerte, sino la más difícil de todas: ¿de qué está hecho un ser humano cuando ya no le queda nada que perder?
La respuesta está aquí, en estas páginas breves y perfectas. Solo hay que dejarse llevar por la nieve.