Introducción
Pocas novelas se han escrito con tanto valor y tan cerca del peligro como Amalia, de José Mármol. Su autor la publicó mientras la dictadura que denuncia seguía en pie, desde el exilio, jugándose la vida al retratar con nombres y apellidos el terror que asolaba su país. El resultado es una obra única: la gran novela del romanticismo argentino, a la vez apasionante historia de amor y encendido alegato contra la tiranía.
La acción se sitúa en el Buenos Aires de 1840, bajo el régimen de Juan Manuel de Rosas, el dictador federal cuyo poder se sostenía sobre el miedo. Los opositores —los «unitarios»— viven acosados por la Mazorca, la policía secreta que espía, tortura y degüella a quien se atreve a disentir. En esa ciudad donde, como escribe Mármol, «el aire oye, la luz ve y las piedras repiten nuestras palabras a los verdugos de la libertad», comienza la historia.
Una noche, el joven unitario Eduardo Belgrano cae herido cuando intentaba huir de la ciudad para unirse a los enemigos de Rosas. Lo salva su amigo Daniel Bello, un personaje fascinante que finge adhesión al régimen mientras conspira en secreto contra él, y lo esconde en casa de su prima Amalia, una viuda joven, bella y de alma noble, retirada del mundo. Del cuidado del herido nace, entre Eduardo y Amalia, un amor intenso y purísimo que deberán vivir a escondidas, sabiendo que en cualquier momento puede costarles la vida.
A partir de ese núcleo, Mármol despliega un vasto retrato de la sociedad porteña bajo el terror: los salones federales, las intrigas, los espías, las tertulias de los conspiradores, la corte de Rosas y su temible hija Manuelita. La novela combina el suspense —persecuciones, disfraces, secretos, delaciones— con la pintura de costumbres y con largas reflexiones políticas, en una mezcla característica del folletín romántico. El amor de los protagonistas avanza siempre bordeando el abismo, y la tensión no deja de crecer hacia un desenlace trágico e inolvidable.
Bajo la trama sentimental late la gran denuncia. Mármol, que había sido encarcelado por Rosas y vivía desterrado, escribió Amalia como un acto de resistencia: para que el mundo conociera los crímenes de la dictadura y para mantener viva la llama de la libertad. Su indignación, su idealismo y su fe en la justicia recorren cada página y dan a la novela un aliento heroico.
Considerada una de las primeras grandes novelas hispanoamericanas y un clásico de la literatura argentina, Amalia se lee hoy como un emocionante drama de amor y coraje y como un documento estremecedor sobre lo que significa vivir bajo el despotismo. Una obra en la que el amor y la libertad, amenazados de muerte, brillan con más fuerza precisamente por lo mucho que cuesta defenderlos.