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Acerca del libro

Portada de Alicia a traves del espejo

Lewis Carroll

Alicia a traves del espejo

Hay libros que se leen una vez y se recuerdan toda la vida. Hay otros que se releen y cada vez revelan algo distinto, como si el texto hubiera cambiado mientras uno no miraba. Alicia a través del espejo pertenece a esa segunda categoría, aunque con una particularidad inquietante: es posible que sea el libro el que permanece inmóvil y seamos nosotros quienes cambiamos al otro lado del cristal.
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Portada de Alicia a traves del espejo
Alicia a traves del espejo
Lewis Carroll

Introducción

Hay libros que se leen una vez y se recuerdan toda la vida. Hay otros que se releen y cada vez revelan algo distinto, como si el texto hubiera cambiado mientras uno no miraba. Alicia a través del espejo pertenece a esa segunda categoría, aunque con una particularidad inquietante: es posible que sea el libro el que permanece inmóvil y seamos nosotros quienes cambiamos al otro lado del cristal.

Lewis Carroll publicó esta secuela en 1871, seis años después de Alicia en el País de las Maravillas, y desde el primer momento quedó claro que no se trataba de una simple repetición del éxito anterior. Carroll —matemático, lógico, reverendo anglicano y fotógrafo aficionado, todo a la vez— había encontrado una nueva arquitectura para el delirio: el tablero de ajedrez. En este libro, el mundo entero es una partida en curso, y Alicia avanza de casilla en casilla sin entender del todo las reglas, lo cual, pensándolo bien, no es tan distinto de crecer.

El espejo es la imagen perfecta para lo que Carroll tenía en mente. Al otro lado, todo funciona al revés: para avanzar hay que caminar hacia atrás, la memoria funciona hacia el futuro, y los nombres de las cosas no siempre coinciden con las cosas mismas. Cualquier lector que haya intentado alguna vez explicar una palabra sin usar otras palabras, o que haya sentido que el lenguaje se le escurre entre los dedos justo cuando más lo necesita, reconocerá ese territorio con una mezcla de risa y vértigo.

Aquí Alicia no cae: atraviesa. Y esa diferencia lo cambia todo. La caída era involuntaria, un accidente de la curiosidad. El paso a través del espejo es un acto deliberado, casi filosófico. Alicia elige entrar, y esa elección la convierte en algo más que una niña perdida: la convierte en una exploradora consciente de un mundo que desafía la lógica sin abandonarla del todo, porque Carroll nunca abandona la lógica; simplemente la lleva hasta sus consecuencias más absurdas y, por eso mismo, más reveladoras.

Los personajes que pueblan este lado del espejo son de una riqueza extraordinaria. Tweedledee y Tweedledum, la Reina Blanca que recuerda el futuro y olvida el presente, Humpty Dumpty sentado en su muro con la soberbia de quien cree dominar el significado de las palabras: cada uno de ellos es, a su manera, una pequeña conferencia sobre el poder, el lenguaje y la identidad, disfrazada de disparate.

Carroll escribía para una niña real, Alice Liddell, pero construyó algo que los adultos necesitan quizás más que los niños: un espacio donde la lógica y el absurdo coexisten sin que ninguno gane, donde las preguntas importan más que las respuestas, y donde la identidad —ese asunto tan serio— puede cuestionarse con una sonrisa.

Leer este libro en español tiene además su propio encanto, porque los traductores que se han enfrentado a sus juegos de palabras, sus poemas paródicos y sus paradojas han tenido que reinventar el ingenio de Carroll en otra lengua, y ese esfuerzo invisible forma parte ya de la experiencia lectora en castellano.

Lo que espera al otro lado de estas páginas no es exactamente un cuento de hadas ni exactamente una novela ni exactamente un tratado de lógica. Es las tres cosas a la vez, y ninguna del todo. Carroll inventó una forma que todavía no tiene nombre preciso, y esa resistencia a ser clasificada es, probablemente, su mayor virtud. El espejo está ahí. Solo hay que acercarse.

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Cada gran obra esconde gemas del pensamiento

Hay frases que atraviesan los siglos, revelan verdades profundas y muchas veces cambian vidas. Viven escondidas en las obras que han marcado la historia de la humanidad. Leer es minarlas: cuando encuentres una que de verdad lo sea, márcala; si es una gema, se publicará con tu nombre en la página del autor y del libro. También descubrirás las gemas que ha hallado la comunidad.

No toda frase es una gema: una gema se sostiene sola, dice algo profundo y resuena en cualquiera.

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