“(La muerte) ha sido siempre para mi una compañera tan fiel, que a veces lamento morirme solamente porque entonces tal vez la muerte me abandone.” — Reinaldo Arenas 6
“Pero todo lo que uno desea, parace que por un burocratismo diabólico, se demora, aún la muerte.” — Reinaldo Arenas 7
“Sólo el afán de un náufrago podría remontar este infierno que aborrezco. Crece mi furia y ante mi furia crezco y solo junto al mar espero el día.” — Reinaldo Arenas 5
“Yo siempre he pensado que a los escritores es mejor leerlos y conocerlos de lejos, pero no conocerlos personalmente porque se pueden sufrir terribles desengaños.” — Reinaldo Arenas 5
“Lo bello de la relación sexual está en la espontaneidad de la conquista y del secreto en que se realiza esa conquista.” — Reinaldo Arenas 5
“Los árboles tienen una vida secreta que sólo les es dado conocer a los que se trepan a ellos.” — Reinaldo Arenas 7
“La inconstancia lo hecha todo a perder, ella no deja que ninguna semilla germine.” — Henri-Frédéric Amiel 6
“El niño ve lo que somos a través de lo que queremos ser; de ahí viene su reputación de fisonomista.” — Henri-Frédéric Amiel 5
“Para la acción nada es más útil que la estrechez de pensamiento combinada con fuerza de voluntad” — Henri-Frédéric Amiel 6
“Antes de dar un consejo es preciso procurar que se lo acepte, o, más bien, que se lo desee” — Henri-Frédéric Amiel 6
“Nada muestra mejor el carácter de cada cual que su manera de portarse con los necios” — Henri-Frédéric Amiel 4
“El niño ve lo que somos a través de los que queremos ser; de ahí viene su reputación de fisonomistas” — Henri-Frédéric Amiel 5
“Vivir es querer sin descanso o restaurar cotidianamente la propia voluntad” — Henri-Frédéric Amiel 7
“La acción es sólo el pensamiento condensado, concreto ya, oscuro, inconsciente” — Henri-Frédéric Amiel 5
“El interés por uno mismo no es más que la supervivencia del animal en nosotros. La humanidad comienza para el hombre con la auto rendición” — Henri-Frédéric Amiel 8
“El alma no encuentra en el crisol de la experiencia sino el oro que ha vertido en él” — Henri-Frédéric Amiel 5