“El animalito murió abrasado, pero del rojo huevo salió volando otra ave, única y siempre la misma: el Ave Fénix.” — Hans Christian Andersen de El ave fenix
“Y volvió a toda carrera a su casa, tomó un hacha y mató a sus cuatro caballos de un hachazo en la cabeza a cada uno.” — Hans Christian Andersen de Claus el grande y claus el chico
“Los peces pasaban nadando junto a mí, como pájaros en el aire.” — Hans Christian Andersen de Claus el grande y claus el chico
“Luego los desolló y se fue al pueblo con los cueros.” — Hans Christian Andersen de Claus el grande y claus el chico
“¡Qué buenas gentes son aquéllas, y qué magnífico ganado!” — Hans Christian Andersen de Claus el grande y claus el chico
“Parecía como si acerados cuchillos le traspasaran los delicados pies, pero ella no los sentía; más acerbo era el dolor que le hendía el corazón.” — Hans Christian Andersen de La sirenita
“Tenía la piel tersa y purísima, y detrás de las largas y oscuras pestañas sonreían unos ojos azul-oscuro, de dulce expresión.” — Hans Christian Andersen de La sirenita
“Era la última noche que respiraba el mismo aire que él, y que veía el mar profundo y el c” — Hans Christian Andersen de La sirenita
“La sirena no tiene un alma inmortal, ni puede adquirirla si no es por mediación del amor de un hombre; su eterno destino depende de un poder ajeno.” — Hans Christian Andersen de La sirenita
“Eres tú -dijo el príncipe- la que me salvó cuando yo yacía como un cadáver en la costa -.” — Hans Christian Andersen de La sirenita
“Era una noche muy oscura y no podía comprarse ni una vela, pero entonces recordó que en el yesquero que había sacado del árbol hueco había una mecha pequeña.” — Hans Christian Andersen de El yesquero
“En el patio jugaban algunos de aquellos alegres muchachuelos que por Nochebuena estuvieron bailando en torno al abeto y que tanto lo” — Hans Christian Andersen de El abeto
“«¡Ahora a vivir!», pensó éste alborozado, y extendió sus ramas.” — Hans Christian Andersen de El abeto
“«Klumpe—Dumpe se cayó por las escaleras y, con todo, obtuvo a la princesa.” — Hans Christian Andersen de El abeto
“El hombre contó el cuento de Klumpe—Dumpe, que se cayó por las escaleras y, sin embargo, fue ensalzado y obtuvo a la princesa.” — Hans Christian Andersen de El abeto
“Mirando a través de los cristales vimos árboles plantados en el centro de una acogedora habitación, adornados con los objetos más preciosos: manzanas doradas, pastelillos, juguetes...” — Hans Christian Andersen de El abeto
“Tal vez yo me caiga también por las escaleras y gane a una princesa».” — Hans Christian Andersen de El abeto
“Y querían oír también el de Ivede—Avede, pero tuvieron que contentarse con el de Klumpe—Dumpe.” — Hans Christian Andersen de El abeto