“Amo, en fin, y he dicho mucho en sólo decir que amo.” — Miguel de Cervantes de El gallardo español 6
“A veces un enojo hace elocuente al de más torpe ingenio: que el coraje levanta los espíritus caídos.” — Miguel de Cervantes de El laberinto de amor 6
“Hay algo que se mitiga y se aplaca más duro que los peñascos y más irritado que los mares: el corazón del hombre.” — Armando Palacio Valdés de Semblanzas literarias 5
“Lo importante es hablar bien: con viveza, lógica y gracia. Lo demás se os dará por añadidura.” — Antonio Machado de Juan de Mairena 5
“A un ejército conquistador apostado en la frontera no se le detiene con elocuencia.” — Otto von Bismarck 3
“Hay ciertas cosas en las que la mediocridad es intolerable: la poesía, la música, la pintura, la elocuencia pública. ¿Qué tortura es escuchar un discurso frío se pomposamente decla...” — Jean de la Bruyere
“El gobierno no es razón, ni elocuencia, ¡es la fuerza! Como el fuego, es un sirviente peligroso y un amo terrible. Nunca debería ser dejado a merced de personas irresponsable.” — George Washington 3
“El gobierno no es una razón, tampoco es elocuencia, es fuerza. Opera como el fuego; es un sirviente peligroso y un amo temible; en ningún momento se debe permitir que manos irrespo...” — George Washington 4
“...la última vez, tú estabas dinámica, abierta, emanabas algo diferente. Quizá sólo sea cierto espíritu que siempre he advertido en ti y que ahora ha salido a la luz. Ha habido un...” — Banana Yoshimoto
“Un hombre que ha recibido una buena educación puede camuflar, con su inteligencia y su elocuencia, su pusilanimidad o su estupidez, que son su verdadera naturaleza.” — Yamamoto Tsunetomo 3
“La elocuencia es una pintura del pensamiento, y por esto los que después de haber pintado añaden algo más, hacen un cuadro en lugar de un retrato.” — Blaise Pascal 3
“La verdadera elocuencia consiste en no decir más de lo que es preciso.” — François de La Rochefoucauld 1
“El que seduce a un juez con el prestigio de su elocuencia, es más culpable que el que le corrompe con dinero.” — Cicerón 4