“Si la razón, hija del cielo, pudiera opinar de belleza, la única fealdad sería la enfermedad. F-759” — Georg Christoph Lichtenberg
“Los mortales habitan en la medida en que reciben el cielo como cielo; en la medida en que dejan al sol y a la luna seguir su viaje, a las estrellas su ruta, a las estaciones del añ...” — Martin Heidegger
“Lleno estaba el mundo de amigos cuando aún mi cielo era hermoso. Al caer ahora la niebla los ha borrado a todos.” — Hermann Hesse 2
“La inteligencia de un hombre no se mide de la cabeza al suelo, sino de la cabeza al cielo” — Marlene Dietrich 4
“Si tienes afecto desordenado a los bienes presentes, perderás los ternos del cielo” — Tomás de Kempis
“En la cruz esta la vida y el consuelo, y ella sola es el camino para el cielo.” — Santa Teresa de Jesús
“Para mí la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada al cielo, un grito de agradecimiento y de amor en las penas como en las alegrías.” — Santa Teresa de Jesús 4
“Sin la insurrección armada del 25 de octubre de 1917, el Estado soviético no existiría. Pero la insurrección no vino del cielo.” — León Trotski
“Natasha se acerca a la ventana y la abre desde el patio para que entre más aire en mi habitación. Puedo ver la brillante franja de césped verde que se extiende tras el muro, arriba...” — León Trotski
“Todas las guerras son santas, os desafío a que encontréis un beligerante que no crea tener el cielo de su parte.” — Jean Anouilh 5
“Mi propia posición en el cielo con relación al Sol no debe hacerme encontrar menos bella la aurora” — André Gide 4
“Me enseñó muchas cosas y aprendí mucho, y sin presumir de nada; ¡agarré el cielo con las manos, con cada palabra, cada mañana!” — Chavela Vargas
“Esto es amar: volar hacia un cielo secreto, causar que cien velos caigan cada momento. Primero dejar ir la vida. Finalmente dar un paso sin pies.” — Yalal ad-Din Muhammad Rumi 4
“Deja de vigilar a tu alma; ¡mírala cómo sale de estampida al cielo!... Al menor descuido, envuelta en llamas, se suelta y se va hacia otros mundos. ¿De dónde vendrá esa súbita llam...” — Emil Cioran 4