El humorista del muelle
William Wymark Jacobs, conocido como W. W. Jacobs, nació en Londres el 8 de septiembre de 1863. Se crió cerca del Támesis, en un ambiente vinculado al puerto y a la vida de los muelles, pues su padre trabajaba en ellos, y ese mundo marinero y portuario —con sus barcos, sus marineros, sus capitanes y sus personajes— sería el escenario de buena parte de su obra. Trabajó como funcionario antes de dedicarse por completo a la literatura, en la que alcanzó una gran popularidad, sobre todo como autor de relatos cortos de humor, además de por algunos cuentos de terror que le darían una fama perdurable.
El maestro del humor
La mayor parte de la obra de W. W. Jacobs, y la que le dio popularidad en su tiempo, son sus relatos cortos de humor, ambientados en gran medida en el mundo de los muelles, los marineros y la vida portuaria y rural inglesa. Con un ingenio, una gracia y un fino sentido de la comedia, retrató a personajes entrañables y divertidos —marineros astutos, capitanes retirados, aldeanos pícaros— y situaciones cómicas llenas de enredos, engaños y humor. Sus cuentos humorísticos, muy apreciados por su gracia y su calidad, lo convirtieron en uno de los escritores de humor más populares de su época.
«La pata de mono»
Sin embargo, la fama perdurable de W. W. Jacobs descansa en un relato de género muy distinto: La pata de mono (The Monkey's Paw, 1902), uno de los cuentos de terror más célebres, perfectos e influyentes de la literatura. Narra la historia de una familia que recibe un talismán, una pata de mono disecada, capaz de conceder tres deseos, pero con terribles consecuencias, pues altera el destino de manera fatal y monstruosa. El relato, un modelo de construcción, de atmósfera y de terror sugerido, explora el tema de los deseos que se cumplen de manera espantosa y de la imposibilidad de burlar al destino, y su final estremecedor lo ha convertido en un clásico absoluto del género.
El arte del relato
Tanto en el humor como en el terror, W. W. Jacobs demostró ser un maestro del relato corto, dueño de una técnica impecable, un sentido perfecto de la estructura, el ritmo y el efecto, y una notable capacidad para crear atmósferas y personajes. En sus cuentos de humor, esa maestría se pone al servicio de la comedia y el ingenio; en «La pata de mono» y sus otros relatos de terror, al servicio del suspense, la inquietud y el horror sugerido. Su economía de medios, su eficacia y su dominio del arte del cuento hacen de él un modelo del género.
Humor y horror
La obra de W. W. Jacobs ilustra la versatilidad de un escritor capaz de dominar registros tan opuestos como el humor y el terror. Aunque en su tiempo fue conocido y apreciado sobre todo por sus relatos cómicos, la posteridad lo recuerda casi exclusivamente por su obra maestra del horror, «La pata de mono», que ha eclipsado el resto de su producción. Esa paradoja —el humorista popular que ha pasado a la historia por un cuento de terror— es una de las curiosidades de su trayectoria, y muestra la fuerza y la perfección de ese relato inolvidable.
Legado
W. W. Jacobs murió en Londres el 1 de septiembre de 1943. Aunque su vasta obra de relatos humorísticos ha caído en buena parte en el olvido, su cuento «La pata de mono» le ha dado una pervivencia inmortal: es uno de los relatos de terror más antologados, adaptados y célebres de la literatura, un clásico absoluto del género que ha influido en incontables autores y obras, y que sigue estremeciendo a los lectores más de un siglo después de su creación. Su tema —los deseos que se cumplen de forma monstruosa, la imposibilidad de burlar al destino— y su perfección como relato de terror lo han convertido en un modelo del género. W. W. Jacobs permanece como un maestro del relato corto, del humor y del terror, y sobre todo como el autor de «La pata de mono», uno de los cuentos de horror más perfectos y perdurables jamás escritos, que le ha asegurado un lugar imborrable en la historia de la literatura.