El fraile dramaturgo
Tras el seudónimo de Tirso de Molina se oculta fray Gabriel Téllez, nacido en Madrid hacia 1579. Fraile de la orden de la Merced, compaginó su vida religiosa —que lo llevó incluso a un viaje misionero a Santo Domingo— con una intensa dedicación al teatro, lo que le acarreó reproches y hasta una amonestación oficial que le pedía dejar de escribir comedias profanas. Discípulo y admirador de Lope de Vega, cuyo modelo de comedia nueva siguió y enriqueció, fue uno de los tres grandes dramaturgos del Siglo de Oro español, junto al propio Lope y a Calderón.
El creador de Don Juan
La gloria mayor de Tirso es haber dado forma literaria a uno de los grandes mitos universales: Don Juan. En El burlador de Sevilla y convidado de piedra creó al seductor sin escrúpulos que engaña a las mujeres y desafía todas las leyes divinas y humanas, hasta que la estatua del hombre a quien ha matado —el «convidado de piedra»— lo arrastra al infierno. Con esta obra, Tirso puso en pie una figura que recorrería toda la cultura occidental, reelaborada después por Molière, Mozart, Byron, Zorrilla y tantos otros. El «burlador» encarna la rebeldía, el deseo sin freno y el desafío al orden moral, y su castigo final, la advertencia sobre las consecuencias.
El maestro de las mujeres
Tirso destacó especialmente por la creación de personajes femeninos ricos, inteligentes y activos, poco frecuentes en el teatro de su tiempo. En El vergonzoso en palacio, Don Gil de las calzas verdes —comedia de enredo protagonizada por una mujer astuta que se disfraza de hombre para recuperar a su amante— o Marta la piadosa, las heroínas mueven la acción con su ingenio, su determinación y su gracia. Tirso mostró una notable penetración psicológica y una simpatía hacia la inteligencia y la iniciativa femeninas que lo distinguen entre los dramaturgos del Barroco.
Comedia, drama e historia
Su producción, muy amplia, abarcó todos los géneros de la comedia áurea: comedias de enredo llenas de ingenio y humor, dramas religiosos e históricos, y obras de tema bíblico. Destaca también su drama El condenado por desconfiado, una profunda reflexión teológica sobre la fe, la gracia y la salvación, en torno a un ermitaño que se condena por desconfiar de la misericordia divina y a un bandido que se salva por confiar en ella. Su teatro combina la habilidad dramática y el ingenio verbal aprendidos de Lope con una hondura moral y psicológica propia.
Ingenio y lengua
Tirso fue un maestro del ingenio verbal, del enredo y del diálogo chispeante. Sus comedias despliegan una comicidad ágil, juegos de palabras, equívocos y situaciones de gran efecto teatral, junto a un lenguaje rico y expresivo. Escribió además obras en prosa, como los Cigarrales de Toledo, misceláneas que combinan relatos, poesías y comedias. Su capacidad para unir el entretenimiento popular con la profundidad de pensamiento lo sitúa entre los grandes del teatro español.
Legado
Tirso de Molina murió en Almazán, Soria, en 1648. Aunque durante mucho tiempo eclipsado por Lope y Calderón, su importancia es capital, sobre todo por haber creado el mito de Don Juan, una de las mayores aportaciones de España a la cultura universal, y por la riqueza de sus personajes femeninos. Sus comedias se siguen representando, y su nombre está indisolublemente unido al del seductor sevillano cuya figura, nacida de su pluma, no ha dejado de fascinar y de reinventarse durante cuatro siglos en el teatro, la ópera, la literatura y el cine de todo el mundo.