El genio precoz de Nueva España
Juana Inés de Asbaje y Ramírez nació en San Miguel Nepantla, en el virreinato de Nueva España (actual México), hacia 1648. Niña prodigio, aprendió a leer a los tres años y devoró la biblioteca de su abuelo; siendo aún muy joven, deseó ardientemente estudiar en la universidad, vedada a las mujeres, hasta el punto de soñar con disfrazarse de hombre para lograrlo. Su talento asombroso la llevó a la corte virreinal, donde deslumbró por su erudición y su ingenio. Buscando un espacio de libertad para dedicarse al estudio, ingresó en un convento, donde tomó el nombre de sor Juana Inés de la Cruz.
Poeta del Barroco
Desde su celda, convertida en centro de saber y en biblioteca notable, sor Juana desarrolló una obra literaria que la sitúa entre las cumbres del Barroco hispánico. Cultivó todos los géneros: poesía lírica, amorosa, religiosa y filosófica; teatro, con comedias y autos sacramentales; villancicos. Su poema más ambicioso, Primero sueño, es una obra filosófica de gran complejidad, en la estela de Góngora, que describe el viaje del alma en busca del conocimiento durante el sueño. Sus sonetos, redondillas y liras, de una perfección y una agudeza notables, tratan del amor, el desengaño, la belleza y el saber con una voz personalísima.
La defensa de la mujer
Sor Juana es una figura fundamental del pensamiento feminista temprano. Ante los reproches de un obispo que, bajo seudónimo femenino, criticó su dedicación a las letras profanas y le recomendó ocuparse de asuntos piadosos, respondió con la célebre Respuesta a sor Filotea de la Cruz (1691). En este texto extraordinario defendió con lucidez, erudición y valentía el derecho de las mujeres al conocimiento y al estudio, argumentó que la inteligencia no tiene sexo y reivindicó su propia vocación intelectual como un don que no podía renunciar a cultivar. Es uno de los primeros y más brillantes alegatos por la igualdad intelectual de la mujer en la historia.
Ingenio y saber universal
La curiosidad de sor Juana no tuvo fronteras: se interesó por la teología, la filosofía, la ciencia, la música, las lenguas clásicas. En sus redondillas más famosas —«Hombres necios que acusáis / a la mujer sin razón»— denunció con ironía demoledora la doble moral masculina que censura en la mujer lo que los propios hombres provocan. Su ingenio agudo, su dominio de la lengua y su vastísima cultura le valieron el título de «Fénix de América» y «Décima Musa», y la admiración de toda la sociedad culta de su tiempo, a ambos lados del Atlántico.
El silencio final
En sus últimos años, sor Juana sufrió las presiones de una jerarquía eclesiástica que veía con recelo su fama y su dedicación al saber profano. Bajo esa presión, en circunstancias aún debatidas por los estudiosos, renunció a los libros y a la escritura, vendió su biblioteca y se dedicó a la penitencia y al cuidado de las enfermas. Murió en la Ciudad de México el 17 de abril de 1695, víctima de una epidemia contraída al atender a sus hermanas enfermas.
Legado
Sor Juana Inés de la Cruz es reconocida como una de las mayores figuras de la literatura en lengua española y como la voz más alta del Barroco americano. Su genio poético, su erudición universal y, sobre todo, su valiente defensa del derecho de la mujer al conocimiento la han convertido en un símbolo, especialmente para el feminismo y para la cultura mexicana e hispanoamericana. Su figura, entre la monja y la intelectual, entre la fe y la sed de saber, sigue fascinando, y su obra, releída y reivindicada sin cesar, la mantiene como una de las mentes más brillantes y libres que ha dado la lengua española.