Del arte a las letras
Robert William Chambers nació en Brooklyn, Nueva York, el 26 de mayo de 1865. Se formó como artista y estudió pintura en París, donde vivió un tiempo, antes de orientarse hacia la literatura. Trabajó como ilustrador y después se dedicó a la escritura, en la que fue muy prolífico y alcanzó una gran popularidad, cultivando diversos géneros: la novela romántica e histórica, la novela de sociedad y, sobre todo en su primera etapa, el relato de terror, misterio y fantasía, género en el que dejó su obra más original, valiosa e influyente, y por la que hoy es sobre todo recordado.
«El rey de amarillo»
Su obra más célebre e influyente es El rey de amarillo (The King in Yellow, 1895), una colección de relatos de terror, misterio y fantasía unidos por elementos comunes, en especial la referencia a un enigmático y maldito libro o drama titulado «El rey de amarillo», cuya lectura provoca la locura y la desesperación en quienes se atreven a leerlo, y a un misterioso y siniestro personaje, el «rey de amarillo», y a símbolos inquietantes como el «signo amarillo». Los relatos, que crean una atmósfera de misterio, decadencia, locura y horror, y que juegan con lo sugerido y lo indefinido, son considerados clásicos del relato de terror y de lo extraño, y han ejercido una influencia notable en la literatura fantástica posterior.
El libro maldito y lo indecible
La gran creación de Chambers en El rey de amarillo es la idea del libro maldito, el texto prohibido cuya lectura conduce a la locura, y la evocación de un horror indecible, sugerido más que mostrado, que acecha tras la realidad. Ese recurso del libro o texto maldito, y esa atmósfera de misterio, decadencia y horror indefinido, influyeron notablemente en la literatura de terror posterior, y en particular en H. P. Lovecraft, que admiró la obra de Chambers e incorporó elementos de ella —como el propio «rey de amarillo»— a su mitología del horror cósmico. La influencia de Chambers en la literatura de terror y de lo extraño es, por ello, importante.
Misterio, decadencia y horror
Los relatos de terror de Chambers se distinguen por su atmósfera de misterio, decadencia y horror sugerido, y por su gusto por lo extraño, lo indefinido y lo inquietante. Influido por el decadentismo y el simbolismo, y por autores como Poe y Bierce, Chambers creó relatos de una atmósfera densa, inquietante y fascinante, en los que el horror se sugiere más que se muestra, y en los que lo extraño y lo maldito acechan tras la realidad. Esa maestría en la creación de atmósferas y en el terror sugerido, y su idea del libro maldito, hacen de El rey de amarillo una obra original y valiosa del género.
Un autor prolífico
Tras El rey de amarillo, Chambers se orientó hacia géneros más comerciales y populares —la novela romántica, histórica y de sociedad—, con los que alcanzó una gran popularidad y éxito comercial, aunque de menor valor e interés literario. Fue un escritor extraordinariamente prolífico, autor de numerosas novelas y relatos. Sin embargo, es su obra de terror y de lo extraño, y en especial El rey de amarillo, la que ha perdurado y la que le ha asegurado un lugar en la historia de la literatura, mientras que el resto de su abundante producción ha quedado en buena parte olvidado.
Legado
Robert W. Chambers murió en Nueva York el 16 de diciembre de 1933. Aunque fue un autor prolífico y muy popular en géneros comerciales, es recordado sobre todo por El rey de amarillo, su original y valiosa colección de relatos de terror, misterio y fantasía, cuya idea del libro maldito y cuya atmósfera de misterio, decadencia y horror sugerido influyeron notablemente en la literatura fantástica y de terror posterior, en especial en Lovecraft y en la tradición del horror cósmico y de lo extraño. Su obra ha sido reivindicada y ha ganado un renovado interés. Robert W. Chambers permanece como el autor de El rey de amarillo, el creador del enigmático libro maldito que conduce a la locura, y como una figura importante de la literatura de terror y de lo extraño, cuya obra, con su atmósfera de misterio y horror sugerido, influyó en la gran tradición del fantástico y sigue fascinando a los aficionados al género.