Foto de Moliere

Biografía de Moliere

Dramaturgo Francia · 1622–1673

Del tapicero al teatro

Jean-Baptiste Poquelin, que adoptaría el nombre artístico de Molière, nació en París en enero de 1622, en una familia de tapiceros acomodados con un cargo en la corte. Renunció a esa cómoda herencia por su pasión irresistible por el teatro: fundó una compañía que fracasó estrepitosamente en París, dejándolo endeudado y hasta encarcelado por deudas. Durante trece años recorrió las provincias con su troupe, aprendiendo a fondo el oficio de actor, director y autor. Aquella dura escuela itinerante forjó al mayor genio cómico de Francia, que regresaría a la capital para triunfar bajo la protección del rey Luis XIV.

La comedia de caracteres

Molière elevó la comedia, hasta entonces considerada un género menor, a la altura de la gran literatura. Su especialidad fue la comedia de caracteres: la creación de personajes que encarnan un vicio o una obsesión llevados al extremo, cuyo comportamiento provoca la risa a la vez que revela una verdad sobre la naturaleza humana. Combinó la observación aguda de la sociedad de su tiempo con la herencia de la farsa popular y de la comedia italiana, y con un dominio magistral del ritmo cómico y del diálogo. Su risa, siempre, esconde una crítica y una lucidez profundas.

Los grandes tipos

Sus comedias han dado a la cultura universal figuras inmortales. Tartufo desenmascara al falso devoto, al hipócrita religioso que se sirve de la piedad para sus fines, y provocó tal escándalo entre los sectores beatos que fue prohibida durante años. El avaro retrata, en la figura de Harpagón, la obsesión enfermiza por el dinero. El misántropo presenta a un hombre que, harto de la hipocresía social, lleva la sinceridad hasta lo insoportable. El enfermo imaginario ridiculiza la hipocondría y a los médicos charlatanes, y El burgués gentilhombre, las pretensiones del nuevo rico que quiere aparentar nobleza. Cada una es un estudio genial de una debilidad humana.

El satírico y sus enemigos

La sátira de Molière le granjeó poderosos enemigos: los médicos, los devotos, los pedantes y los aristócratas a quienes ridiculizaba. Solo la protección del rey Luis XIV, que apreciaba su genio, le permitió sortear las campañas para censurar y prohibir sus obras. Molière no atacaba por resentimiento, sino que ponía en evidencia la hipocresía, la afectación, la vanidad y la estupidez allí donde las veía, defendiendo implícitamente el buen sentido, la naturalidad y la medida. Su comedia es una escuela de lucidez sobre las miserias y las máscaras humanas.

El hombre de teatro total

Molière fue un hombre de teatro completo: autor, director, actor principal de su compañía y organizador de espectáculos para la corte, a menudo con música y danza. Trabajó sin descanso, escribiendo, ensayando y actuando, entregado por entero a su arte. Su vida personal estuvo marcada por las dificultades, las enfermedades y las polémicas, pero nunca abandonó los escenarios. De hecho, la leyenda quiso que muriera casi sobre las tablas.

Legado

Molière murió en París el 17 de febrero de 1673, pocas horas después de representar, ya gravemente enfermo, precisamente El enfermo imaginario. Por su condición de actor, se le negó inicialmente sepultura religiosa, y solo la intervención del rey permitió un entierro discreto. La lengua francesa es llamada a menudo «la lengua de Molière», en reconocimiento a su lugar supremo en la cultura del país. Sus comedias se siguen representando en todo el mundo, y sus personajes —Tartufo, Harpagón, el misántropo— se han convertido en arquetipos universales. Molière demostró que la risa podía ser una de las formas más altas y verdaderas de conocimiento del ser humano.

Obras de Moliere

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