El pensador de Ambato
Juan Montalvo nació en Ambato, Ecuador, el 13 de abril de 1832. De formación en buena parte autodidacta y de vasta cultura clásica y europea, se convirtió en una de las figuras intelectuales más importantes de la América hispana del siglo XIX y en un maestro de la prosa en lengua española. Su vida estuvo marcada por la lucha política y por el exilio: liberal apasionado y enemigo irreconciliable de la tiranía, empleó su pluma como arma contra los dictadores que oprimían a su país, lo que le valió persecuciones y largos destierros, sobre todo en Colombia y en Europa, donde pasó buena parte de su vida.
El azote de la tiranía
Montalvo fue ante todo un combatiente por la libertad. Su gran adversario fue el dictador ecuatoriano Gabriel García Moreno, contra cuyo régimen teocrático y autoritario dirigió algunos de sus escritos más feroces. Cuando García Moreno fue asesinado, Montalvo pronunció su célebre frase: «¡Mi pluma lo mató!», reivindicando el poder de la palabra escrita contra la tiranía. Después dirigió sus ataques contra otro dictador, Ignacio de Veintimilla, en Las catilinarias, una serie de encendidos panfletos —inspirados en las invectivas de Cicerón contra Catilina— de una fuerza retórica y una indignación moral extraordinarias, que están entre lo mejor de la prosa polémica en español.
«Siete tratados»
Su obra más ambiciosa son los Siete tratados, una colección de extensos ensayos sobre temas morales, filosóficos e históricos —la nobleza, la belleza, los héroes, el genio, la réplica a un teólogo, y otros— en los que despliega toda su erudición, su cultura clásica y su maestría del idioma. Estos ensayos, de prosa rica, elegante y poderosa, revelan a un humanista de vasta formación y a un moralista preocupado por las grandes cuestiones de la ética, la libertad y la dignidad humana. La obra fue condenada por la Iglesia, lo que da idea de su carácter crítico e independiente.
El maestro de la prosa
Montalvo es reconocido como uno de los mayores prosistas de la lengua española del siglo XIX. Su estilo, nutrido de los clásicos españoles del Siglo de Oro —a los que admiraba y emulaba— y de la cultura grecolatina, es de una riqueza, una fuerza y una elegancia notables. Cultivó una prosa castiza, vigorosa y llena de recursos retóricos, que hizo de él un modelo de buen decir. Su amor por la lengua y por los clásicos se expresó también en su obra Capítulos que se le olvidaron a Cervantes, un audaz y admirable intento de continuar el Quijote imitando el estilo cervantino, muestra de su dominio del idioma.
Libertad y dignidad
El pensamiento de Montalvo está atravesado por la defensa de la libertad, la justicia y la dignidad humana, y por el odio a la tiranía, la hipocresía y la opresión. Liberal y anticlerical en lo que veía como abusos del poder religioso, pero de honda preocupación moral, unió el combate político con la reflexión ética y humanista. Su vida de destierros y penurias, sostenida por una integridad y una pasión inquebrantables, hizo de él un símbolo de la resistencia intelectual contra el despotismo y de la fe en el poder de la palabra y de las ideas.
Legado
Juan Montalvo murió en París el 17 de enero de 1889, en el exilio y la pobreza. Es reconocido como una de las grandes figuras del pensamiento y la literatura hispanoamericanos del siglo XIX, y como uno de los mayores prosistas de la lengua española. Su combate contra la tiranía, su defensa apasionada de la libertad y la dignidad, y la fuerza y la belleza de su prosa lo han convertido en un clásico y en un símbolo de la resistencia intelectual. Obras como Las catilinarias y los Siete tratados siguen admirándose por su vigor y su maestría. Juan Montalvo permanece como el gran ensayista y polemista de la América hispana, el hombre que hizo de su pluma un arma contra el despotismo y que legó, en su prosa magnífica, un monumento a la libertad, la dignidad y el amor a la lengua.