El genio filipino
José Rizal nació en Calamba, Filipinas, el 19 de junio de 1861, cuando el archipiélago era colonia española. De una familia acomodada, fue un genio precoz y polifacético: médico oftalmólogo, escritor, poeta, pintor, escultor, políglota que dominaba numerosas lenguas, naturalista y reformador. Estudió en Manila y después en Europa —España, Alemania, Francia—, donde amplió su formación y entró en contacto con las ideas liberales y con el movimiento de los filipinos que reclamaban reformas y mayor dignidad para su pueblo. Escribió su obra fundamental en español, la lengua culta de las Filipinas de su tiempo, y se convirtió en la voz y el símbolo de la conciencia nacional filipina.
«Noli me tangere»
Su primera gran novela, Noli me tangere («No me toques», 1887), causó una honda conmoción. En ella, Rizal denunció con lucidez y valentía los abusos del régimen colonial y, sobre todo, del poder de ciertas órdenes religiosas en Filipinas: la injusticia, la explotación, la hipocresía y la opresión que sufría el pueblo filipino. A través de la historia de Crisóstomo Ibarra, un joven idealista que regresa a su patria con sueños de reforma y se enfrenta a la realidad de la injusticia colonial, la novela retrató la sociedad filipina y despertó la conciencia nacional. La obra fue prohibida y perseguida, y convirtió a Rizal en un enemigo del régimen.
«El filibusterismo»
Su segunda novela, El filibusterismo (1891), continuación de la primera, es más sombría y radical. En ella, el protagonista, transformado por el sufrimiento y la injusticia, regresa buscando la revolución y la venganza. La obra profundiza en la denuncia de la opresión colonial y plantea, con mayor crudeza, la cuestión de los medios para la liberación de un pueblo. Ambas novelas, escritas con talento literario y con una honda pasión por la justicia y la dignidad de los filipinos, se convirtieron en textos fundacionales de la conciencia y la identidad nacional de Filipinas.
El reformista
Rizal no era, en principio, un revolucionario violento, sino un reformista: aspiraba a lograr, por medios pacíficos, reformas que dieran a los filipinos mayores derechos, dignidad y representación, y una mayor igualdad dentro del marco español, más que la independencia inmediata por las armas. Fundó organizaciones reformistas y trabajó incansablemente, con su pluma y su ejemplo, por la educación, el progreso y la dignidad de su pueblo. Su fe en la razón, la educación y la justicia, y su amor a su patria, guiaron toda su acción.
El martirio
Pese a su carácter reformista y no violento, el régimen colonial vio en Rizal una amenaza y lo responsabilizó de inspirar el movimiento independentista que había estallado. Detenido, juzgado en un proceso viciado y condenado por rebelión, fue fusilado en Manila el 30 de diciembre de 1896, con solo treinta y cinco años. La víspera de su muerte escribió su célebre poema «Mi último adiós», una conmovedora despedida a su patria, de gran belleza y emoción. Su martirio, lejos de acallar el movimiento, encendió aún más la lucha por la independencia y lo consagró como héroe nacional.
Legado
José Rizal es venerado como el héroe nacional de Filipinas y como el padre de su conciencia y su identidad nacional. Su fusilamiento lo convirtió en mártir y en símbolo de la lucha de su pueblo por la libertad y la dignidad. Sus novelas, escritas en español, son textos fundacionales de la nación filipina, y su figura —la del genio polifacético, el reformista pacífico y el mártir de la libertad— es objeto de un culto y una admiración inmensos en su país, donde su memoria se honra de innumerables maneras. José Rizal permanece como una de las grandes figuras de la historia de Filipinas y de la literatura en lengua española, el hombre que, con su pluma, su talento y su sacrificio, despertó la conciencia de un pueblo y dio su vida por su libertad y su dignidad.