El ingeniero de las letras
José Echegaray nació en Madrid el 19 de abril de 1832. Su trayectoria fue singular: antes que hombre de letras, fue un brillante ingeniero, matemático y economista. Catedrático de Matemáticas, introdujo en España avances científicos de su tiempo y desarrolló una destacada carrera política, llegando a ser ministro de Hacienda y de Fomento durante los agitados años de la Revolución de 1868 y la Primera República. Se le atribuye un papel importante en la modernización económica del país y en la fundación del Banco de España. Solo en su madurez, ya consagrado en la ciencia y la política, se dedicó con pasión al teatro, en el que alcanzaría su mayor fama.
El triunfo teatral
Echegaray se convirtió en el dramaturgo de mayor éxito de la escena española de las últimas décadas del siglo XIX. Sus obras, herederas del drama romántico pero con un tratamiento de los conflictos morales propio, llenaban los teatros y entusiasmaban al público. Cultivó un teatro de fuertes pasiones, dilemas éticos y situaciones extremas, con una técnica dramática eficaz y un lenguaje enfático y grandilocuente. Escribió numerosas obras que exploraban conflictos entre el deber y el sentimiento, el honor y el amor, la virtud y la conveniencia social, con un pulso teatral que arrastraba al espectador.
«El gran galeoto»
Su obra más célebre es El gran galeoto (1881), cuyo título alude al personaje de la leyenda medieval que hizo de intermediario amoroso. El drama muestra cómo la maledicencia y la murmuración social —el «gran galeoto» del título— acaban por crear la culpa que sospechan: al acusar injustamente a dos personas inocentes de un amor que no existe, la sociedad termina provocándolo. La obra, una lúcida reflexión sobre el poder destructor de la calumnia y la opinión pública, tuvo un éxito enorme y traspasó las fronteras españolas, siendo representada y admirada en el extranjero.
El Nobel de Literatura
En 1904, Echegaray recibió el Premio Nobel de Literatura, compartido con el provenzal Frédéric Mistral, convirtiéndose en el primer español en obtener este galardón. El reconocimiento internacional coronó su carrera y supuso un motivo de orgullo nacional. Sin embargo, el premio suscitó también polémica dentro de España: los jóvenes escritores de la Generación del 98 —Unamuno, Baroja, Azorín, Valle-Inclán y otros— firmaron una protesta contra el homenaje oficial que se le rendía, pues rechazaban su teatro grandilocuente y anticuado, y reivindicaban una literatura más moderna y renovadora.
Ciencia, política y teatro
La figura de Echegaray encarna una notable versatilidad: la del hombre que destacó en campos tan distintos como las matemáticas, la ingeniería, la economía, la política y el teatro. Esa condición de sabio polifacético, de personaje público influyente y de dramaturgo popular, hizo de él una de las figuras más prominentes de la España de su tiempo. Su teatro, aunque hoy pueda parecer excesivo en su patetismo, respondía plenamente al gusto de su época y planteaba con fuerza dilemas morales que interesaban al gran público.
Legado
José Echegaray murió en Madrid el 14 de septiembre de 1916. Aunque su teatro fue después eclipsado por la renovación dramática del siglo XX y criticado por su retórica, su lugar en la historia es indiscutible como el primer Premio Nobel de Literatura español y como el dramaturgo de mayor éxito de su época. Su figura, además, es un testimonio fascinante de la unión entre la ciencia y las letras, entre la razón matemática y la pasión teatral. El gran galeoto, con su lúcida denuncia del poder de la murmuración, conserva vigencia, y el nombre de Echegaray permanece asociado a un hito de las letras españolas: el primer reconocimiento del Nobel a la literatura de España.