El filósofo de la libertad
John Locke nació en Wrington, Inglaterra, el 29 de agosto de 1632, en una familia puritana. Formado en Oxford, se interesó por la medicina, la ciencia experimental y la filosofía, en la efervescente Inglaterra del siglo XVII, sacudida por guerras civiles, revoluciones y conflictos religiosos. Vinculado a poderosos protectores y a la política, vivió el exilio en Holanda durante los años de mayor tensión, y regresó a Inglaterra tras la «Revolución Gloriosa» de 1688, que instauró una monarquía limitada por el Parlamento y de la que Locke se convirtió en el gran teórico. Su pensamiento sentaría las bases del liberalismo político y de la teoría del conocimiento moderna.
El gobierno por consentimiento
La obra política fundamental de Locke son los Dos tratados sobre el gobierno civil (1689). En ellos rechazó la idea del poder absoluto y del derecho divino de los reyes, y fundamentó el poder político en el consentimiento de los gobernados. Sostuvo que los seres humanos poseen, por naturaleza, unos derechos inalienables —a la vida, la libertad y la propiedad— anteriores a cualquier gobierno, y que estos se instituyen mediante un pacto para protegerlos. Si un gobierno viola esos derechos y se vuelve tiránico, el pueblo tiene derecho a resistirse y a cambiarlo. Estas ideas —derechos naturales, gobierno por consentimiento, separación de poderes, derecho de resistencia— se convirtieron en el fundamento del liberalismo y de las democracias modernas.
La influencia sobre las revoluciones
El pensamiento de Locke tuvo una influencia decisiva sobre los grandes acontecimientos políticos de la época moderna. Sus ideas sobre los derechos naturales y el gobierno por consentimiento inspiraron directamente la Declaración de Independencia de Estados Unidos —cuya célebre invocación de los derechos a «la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad» es un eco de Locke— y las revoluciones liberales que transformaron el mundo occidental. Locke es, con pleno derecho, considerado el padre del liberalismo político y una de las mayores influencias en la configuración de las democracias contemporáneas.
El empirismo
Locke fue también uno de los grandes filósofos del conocimiento y el fundador del empirismo inglés. En su Ensayo sobre el entendimiento humano (1689), sostuvo que la mente humana es al nacer como una «tabla rasa», una hoja en blanco, y que todo nuestro conocimiento procede de la experiencia, a través de los sentidos y de la reflexión. Negó la existencia de ideas innatas y afirmó que las ideas se forman a partir de las impresiones que recibimos del mundo. Esta teoría empirista del conocimiento influyó profundamente en toda la filosofía posterior, de Berkeley y Hume a la Ilustración, y en la concepción moderna de la mente y el aprendizaje.
Tolerancia y educación
Locke defendió también la tolerancia religiosa en su Carta sobre la tolerancia, argumentando la separación entre la Iglesia y el Estado y el derecho de cada uno a sus creencias, en una época de fanatismo y persecuciones. Y en sus Pensamientos sobre la educación desarrolló ideas influyentes sobre la formación del carácter y la razón. Su defensa de la libertad de conciencia, de la tolerancia y de la razón lo sitúan como uno de los grandes precursores de la Ilustración y del pensamiento liberal.
Legado
John Locke murió en Essex, Inglaterra, el 28 de octubre de 1704. Su influencia sobre el mundo moderno es difícil de exagerar. Como filósofo político, fundó el liberalismo y la teoría de los derechos naturales y del gobierno por consentimiento que están en la base de las democracias actuales y de las declaraciones de derechos. Como filósofo del conocimiento, fundó el empirismo e influyó decisivamente en la ciencia y el pensamiento posteriores. Como defensor de la tolerancia, contribuyó a los ideales de libertad de conciencia. Locke permanece como uno de los pensadores más influyentes de la historia, el filósofo cuyas ideas sobre la libertad, los derechos y el gobierno moldearon el mundo moderno y siguen sustentando los principios de las sociedades libres.