El aristócrata europeo
Iván Turguénev nació en Oriol, Rusia, el 9 de noviembre de 1818, en una familia de la nobleza terrateniente. Su infancia estuvo marcada por la figura despótica de su madre y por el conocimiento directo de la crueldad de la servidumbre, que lo llenó de un odio de por vida hacia esa institución. De formación cosmopolita, estudió en Rusia y en Alemania, y pasó buena parte de su vida en Europa occidental, sobre todo en Francia y Alemania, lo que hizo de él el más europeo y occidentalizado de los grandes novelistas rusos, y un puente entre la literatura rusa y la europea, a la que dio a conocer y en la que fue admirado y querido.
«Relatos de un cazador»
Su primera obra importante fue Relatos de un cazador (o Memorias de un cazador, 1852), una serie de cuadros y relatos, aparentemente sencillos, sobre la vida del campo ruso y de los campesinos siervos, observados con delicadeza, simpatía y honda humanidad durante las cacerías del narrador. Bajo su apariencia apacible, la obra constituía una denuncia implícita pero poderosa de la servidumbre, al mostrar la humanidad y la dignidad de los siervos y la injusticia de su condición. Se dice que estos relatos influyeron en el ánimo del zar y contribuyeron a la abolición de la servidumbre, y consagraron a Turguénev como una gran promesa de las letras rusas.
«Padres e hijos»
Su obra maestra es Padres e hijos (1862), una de las grandes novelas rusas y universales. A través del personaje de Bazárov, un joven «nihilista» que rechaza todos los valores y tradiciones establecidos en nombre de la ciencia y la razón, y de su conflicto con la generación de sus mayores, Turguénev captó con lucidez el choque generacional e ideológico que atravesaba la Rusia de su tiempo, entre los viejos valores aristocráticos y las nuevas ideas radicales de la juventud. Bazárov, figura compleja y memorable, se convirtió en símbolo de toda una generación, y la novela, en un análisis penetrante de un momento histórico y de un conflicto humano universal.
El maestro de la novela
Turguénev fue un maestro de la novela y del relato, dueño de una prosa delicada, elegante, mesurada y de gran belleza, y de una notable capacidad para el retrato psicológico, la evocación del paisaje y la creación de atmósferas. Sus novelas —Nido de nobles, En vísperas, Humo— y sus relatos exploran con finura los sentimientos, los conflictos y los caracteres, con especial atención a las figuras femeninas, retratadas con delicadeza y penetración, y a los temas del amor, la nostalgia y el paso del tiempo. Su arte, más contenido y sereno que el de Dostoyevski o Tolstói, se distingue por su equilibrio, su elegancia y su hondura.
Entre Rusia y Europa
Turguénev vivió gran parte de su vida en Europa occidental, donde fue amigo y admirado de los grandes escritores de su tiempo —Flaubert, Zola, Henry James, George Sand—, y desempeñó un papel fundamental en dar a conocer la literatura rusa en Occidente y en tender puentes entre ambas culturas. Su posición occidentalista y liberal, y sus posturas moderadas en los debates ideológicos que dividían a Rusia, le acarrearon a veces críticas tanto de conservadores como de radicales, pero su prestigio como gran escritor y como puente entre Rusia y Europa fue inmenso.
Legado
Iván Turguénev murió cerca de París el 3 de septiembre de 1883. Es reconocido como uno de los grandes novelistas rusos, junto a Dostoyevski y Tolstói, y como un maestro de la novela y del relato, cuya prosa delicada y elegante y cuyo penetrante retrato de la sociedad rusa y del alma humana lo sitúan entre los grandes de la literatura universal. Padres e hijos sigue leyéndose como un clásico y como un análisis lúcido del conflicto entre generaciones e ideologías. Su papel como puente entre la literatura rusa y la europea fue además fundamental. Iván Turguénev permanece como uno de los grandes maestros de la novela del siglo XIX, el más europeo de los grandes rusos, cuya obra, delicada, elegante y honda, retrató con maestría la sociedad y el alma de su país y los conflictos universales del ser humano, y sigue admirándose por su belleza, su equilibrio y su penetración.