De Tixtla a la nación
Ignacio Manuel Altamirano nació en Tixtla, en el actual estado de Guerrero, el 13 de noviembre de 1834, en el seno de una familia indígena; hasta los catorce años apenas hablaba español. Gracias a una beca para jóvenes indígenas destacados pudo estudiar y descubrir su pasión por las letras y por el conocimiento. Su ascenso, desde la pobreza y la exclusión hasta convertirse en una de las máximas figuras intelectuales de México, es un símbolo de las posibilidades que la educación y el mérito podían abrir en el país que se construía tras la independencia. Fue discípulo del reformador Ignacio Ramírez, que marcó su formación liberal.
El liberal comprometido
Altamirano vivió y participó activamente en los grandes acontecimientos de la historia mexicana de su siglo. Combatió como soldado liberal en la Guerra de Reforma y en la lucha contra la intervención francesa y el imperio de Maximiliano, defendiendo la República y las ideas de Benito Juárez. Fue diputado, periodista y funcionario, y puso siempre su pluma y su acción al servicio de la construcción de una nación mexicana moderna, laica y culta. Su liberalismo, su patriotismo y su fe en la educación como motor del progreso guiaron toda su vida.
El novelista
Como narrador, Altamirano contribuyó decisivamente a crear una literatura genuinamente mexicana. Su novela Clemencia (1869) es considerada una de las primeras novelas modernas de México. Pero su obra más célebre es El Zarco, publicada póstumamente, una novela ambientada en el México rural que retrata el bandolerismo, el amor y los conflictos sociales del país, con un fondo de crítica y de defensa de los valores de trabajo y honradez. Su relato La Navidad en las montañas es una idílica estampa costumbrista. En su narrativa buscó reflejar los paisajes, las costumbres y los tipos nacionales, sentando las bases de una literatura propia.
El promotor de la cultura
Quizá la mayor aportación de Altamirano fue su labor como organizador y promotor de la vida cultural mexicana. Fundó y dirigió revistas y publicaciones, entre ellas El Renacimiento, que reunió a escritores de todas las tendencias en el empeño común de crear una literatura nacional tras años de guerras. Ejerció un magisterio generoso sobre los jóvenes autores, animándolos a inspirarse en la realidad, la historia y la naturaleza de México. Su casa y sus tertulias fueron un centro de la vida intelectual del país.
Educador y diplomático
Altamirano fue también un firme defensor de la educación pública como instrumento de emancipación y de unidad nacional, coherente con su propia experiencia de niño indígena que se elevó gracias a ella. Ejerció como maestro y como funcionario del ramo educativo, y en sus últimos años desempeñó cargos diplomáticos que lo llevaron a Europa, donde representó a su país. Su vida entera fue un servicio a la cultura y al progreso de México.
Legado
Murió en San Remo, Italia, el 13 de febrero de 1893, durante su misión diplomática. Ignacio Manuel Altamirano es reconocido como una de las figuras fundamentales de la cultura mexicana del siglo XIX: escritor, educador, político y patriota. Su empeño por crear una literatura nacional, su labor de promoción cultural y su ejemplo de superación desde el origen indígena y humilde lo convirtieron en un símbolo del México liberal y en un maestro de generaciones. Sus restos reposan en la Rotonda de las Personas Ilustres de su país, en reconocimiento a una vida entregada a las letras y a la nación.