El ilustrado ejemplar
Gaspar Melchor de Jovellanos nació en Gijón, Asturias, el 5 de enero de 1744, en una familia de la nobleza. Fue la figura más completa y ejemplar de la Ilustración española: jurista, político, economista, pedagogo, escritor y pensador, dedicó su vida al estudio, al servicio público y al esfuerzo por la reforma y la modernización de España, guiado por los ideales de la razón, el progreso, la educación y el bien común. Hombre de vasta cultura, de honda seriedad moral y de firme compromiso con la mejora de su país, encarnó como nadie el espíritu ilustrado y su afán de reformar la sociedad mediante la razón, la educación y el trabajo.
El reformador
Jovellanos fue un reformador incansable. Desde diversos cargos públicos —fue magistrado, consejero, y llegó a ser ministro de Gracia y Justicia—, y a través de numerosos informes, memorias y escritos, trabajó por la reforma y la modernización de España en los más diversos ámbitos: la agricultura, la economía, la educación, la justicia, las instituciones. Su célebre Informe sobre la Ley Agraria es un análisis lúcido de los problemas del campo español y una propuesta de reformas para su modernización. Su pensamiento reformista, moderado pero firme, buscaba el progreso de España mediante la razón, la libertad económica, la educación y la mejora de las instituciones y las costumbres.
La educación
Una de las grandes pasiones y preocupaciones de Jovellanos fue la educación, a la que consideraba la clave del progreso y de la reforma de España. Impulsó la creación de instituciones educativas —como el Real Instituto Asturiano de Náutica y Mineralogía, en Gijón—, escribió sobre la reforma de la enseñanza y defendió una educación útil, moderna, científica y al servicio del progreso. Su fe en la educación como instrumento de mejora de la sociedad y de formación de ciudadanos útiles y virtuosos es una constante de su pensamiento y refleja el ideal ilustrado de la difusión de las luces y el saber.
El escritor y pensador
Jovellanos fue también un notable escritor y pensador, autor de una obra amplia y variada: informes y memorias sobre economía, agricultura, educación e instituciones; obras literarias, como el drama El delincuente honrado o poesía; diarios y una copiosa correspondencia; y escritos sobre historia, arte y otros temas. Su prosa, clara, elegante y llena de ideas, y su pensamiento lúcido, moderado y comprometido con el bien común, hacen de él una de las grandes figuras intelectuales de la España del siglo XVIII y un modelo del hombre ilustrado. Sus diarios y su correspondencia son un valioso testimonio de su vida, su pensamiento y su época.
La persecución y el sufrimiento
El compromiso y la integridad de Jovellanos le acarrearon persecución y sufrimiento. Sus ideas reformistas y su independencia le valieron enemistades y, finalmente, la caída en desgracia y el encarcelamiento durante años en Mallorca, en condiciones penosas, por orden del poder. Liberado tras la caída de su enemigo Godoy, se implicó, ya mayor y enfermo, en la resistencia contra la invasión napoleónica y en la Junta Central que dirigió la lucha por la independencia y la reforma política de España. Su vida fue así un ejemplo de servicio, integridad y sacrificio por sus ideales y por su país.
Legado
Gaspar Melchor de Jovellanos murió en Puerto de Vega, Asturias, el 27 de noviembre de 1811, en plena Guerra de la Independencia, huyendo de los franceses. Es reconocido como la figura máxima y más completa de la Ilustración española, un reformador, pensador y escritor que dedicó su vida al estudio, al servicio público y al esfuerzo por la reforma, la educación y la modernización de España, guiado por los ideales de la razón, el progreso y el bien común. Su obra, su pensamiento y su ejemplo de integridad, compromiso y servicio lo sitúan entre las grandes figuras de la historia intelectual y política de España. Gaspar Melchor de Jovellanos permanece como el ilustrado ejemplar, el reformador incansable que luchó por el progreso, la educación y la modernización de su país, y cuya obra, su pensamiento y su vida de servicio, integridad y sacrificio lo convierten en un modelo del hombre comprometido con la razón, el bien común y la mejora de su patria.